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10 Personas Que (Algún Día) Reconstruirán Venezuela: La Humanitaria

Susana Raffalli nunca pensó que tendría que trabajar en temas humanitarios en su propio país.

Roberto Mata

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Este artículo fue adaptado de la edición impresa de AQ sobre Venezuela después de Maduro. | Read in English

Las estadísticas no son buenas para describir algo tan visceral como el hambre, pero estos números son elocuentes: nueve de cada 10 personas no tienen los recursos para comprar la comida que necesitan cada día, según una encuesta de febrero. Más de la mitad de la población perdió más de 11 kilos (24 libras) el año pasado. Estos niveles de inanición usualmente sólo se ven en países en guerra, según dijo Susana Raffalli, asesora de Caritas Venezuela, una organización católica que trabaja con los venezolanos más vulnerables.

Raffalli nació y creció durante los años del boom venezolano, cuando el país tenía uno de los PIB per cápita más altos de la región. Estudió nutrición en la Universidad Central de Venezuela. En ese entonces, a pesar de desigualdades importantes, las universidades públicas venezolanas estaban completamente financiadas y dotadas de personal, y creaban profesionales como Raffalli, quien hizo su propósito de vida acabar con el hambre. Por más de dos décadas, viajó alrededor del mundo a lugares como Pakistán, Myanmar y Nicaragua con organizaciones internacionales, haciendo justamente eso.

Nunca pensó que tendría que hacer trabajo de ayuda humanitaria en su propio país.

“Duele”, dice sobre trabajar en Venezuela. “Es el doble de difícil. Siempre dejas una parte de ti en cada emergencia, con cada víctima. Aquí dejo todo de mí. Esto me destruye”.

Tras volver a su país hace siete años, encontró una suerte de “emergencia de inicio lento”. Comenzó a coordinar un trabajo complejo de ayuda que iba, en resumen, desde determinar las necesidades de las familias más pobres (y en particular de los niños) y darles nutrición y ayuda médica de emergencia, hasta construir la infraestructura necesaria para el trabajo humanitario en un país sin recursos. Todo esto en un lugar en el que satisfacer las necesidades diarias cada vez era más difícil.

“Cuando eres una extranjera en una emergencia, te apareces sintiéndote como un vaquero, con tus bolsillos llenos de recursos, con un equipo y una plataforma”, dijo Raffalli. “Aquí tengo que hacerlo todo. Soy una venezolana más. Tengo que encontrar pañales para mi madre. Tengo que hacer fila a las 6 a.m. para conseguir pan”.

Las causas del desastre estaban muy claras para ella: la economía se estaba deteriorando. La habilidad de los venezolanos para conseguir su comida se había evaporado. Los precios se dispararon debido a la hiperinflación. El efectivo comenzó a escasear. El transporte público colapsó. Los pocos artículos que sí estaban disponibles tenían precios del mercado negro imposibles de pagar. La caja de bienes subsidiada por el gobierno, conocida como CLAPS, sólo le llegaba a un tercio de la población. Incluso era difícil encontrar combustible para cocinar.

Entre todo esto, Raffalli registró el alcance del daño. El trabajo de Raffalli es apolítico, pero esta documentación está ayudando a construir una imagen detallada de una crisis que el gobierno venezolano se rehúsa a reconocer y mucho menos a mitigar. El gobierno argumenta que es víctima de la guerra económica del sector privado del país y culpa a las sanciones impuestas por gobiernos extranjeros, en particular por Estados Unidos, de la escasez. El gobierno también se rehúsa a recibir ayuda, diciendo que aceptarla implicaría renunciar a la soberanía.

“De todas las emergencias en las que he trabajado, esta ha sido la más negada”, dice Raffalli. “Es surreal”.

Para mitigar este desastre, el gobierno venezolano debe, primero y de inmediato, aceptar ayuda, dijo. Hacerlo “salvará vidas”. Venezuela también debe aceptar asistencia para entregar esa ayuda, pues el sistema actual de distribución de comida es corrupto y controlado por los militares, quienes lo usan como un mecanismo de coerción política.

Luego, como en cualquier emergencia humanitaria, es clave identificar las amenazas estructurales a la seguridad alimentaria. En el caso de Venezuela, Raffalli señala políticas que expropiaron tierras agrícolas e impusieron controles de precios que hicieron que cultivar comida dejara de ser rentable.

Raffalli es práctica. No está esperando un cambio de liderazgo, sino un cambio de políticas públicas. Simplemente quiere una Venezuela que pueda alimentar a su gente de nuevo. Así que trabaja y espera, viendo cómo su inventario de suplementos nutritivos sigue disminuyendo.

Zubillaga es el director senior de los programas de política pública de AS/COA y es el líder del Venezuela Working Group

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