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Panorama post-electoral venezolano



El 8 de diciembre de 2012, algo cambió en Venezuela. En una alocución pública nacional, Hugo Chávez anunció al país su partida a Cuba para someterse a una operación delicada, justo dos meses después de haber sido reelecto como presidente. Intuyendo lo que podría suceder ante su ausencia, designó como candidato presidencial de su partido a Nicolás Maduro, quien en ese momento fungía como vicepresidente de la República.

Todo parecía indicar que pronto habría nuevas elecciones. Tres meses después, el  5 de marzo de 2013, se anunció el fallecimiento de Hugo Chávez y el inicio de un nuevo período electoral presidencial en menos de 12 meses.

La nueva campaña electoral tuvo una característica inusual: se produjo tras la muerte de un presidente, hecho no antes visto en la historia democrática de Venezuela. Los días de funeral y entierro se utilizaron como el inicio de una campaña que busca conectar sentimentalmente a la base chavista con el candidato Nicolás Maduro, quien a pesar de ser designado personalmente como el sucesor, carece del carisma y el discurso de Hugo Chávez. La promesa de campaña ha sido la de mantener el legado revolucionario y apoyarse en el culto naciente, casi religioso alrededor de la figura de Chávez.

El gran reto de ambos sectores es el de movilizar a las bases del 7 de octubre. El candidato que logre esto con mayor eficiencia, será el ganador de esta contienda, pues en una campaña tan corta no hay mucho tiempo para convencer con propuestas, sino de utilizar elementos que reflejan el “todo o nada.” En solo 10 días de campaña, el esfuerzo comunicacional de ambos comandos a través de los medios de comunicación será determinante para llevar sus mensajes lo más lejos posible.Sin embargo, para poder entender el panorama, hay que analizar brevemente dos variables: los retos que enfrentará el ganador y las probables opciones políticas para garantizar la gobernabilidad. La mezcla de ambas variables nos indica cómo serán los próximos tiempos para Venezuela.

Retos para el ganador

La alta polarización política: El clima de confrontación existente en el país dificulta la solución a los problemas que afectan a las comunidades. La polarización ha hecho que las gobernaciones y alcaldías no reciban recursos por parte del gobierno central, que se incremente el chantaje a los funcionarios públicos y que se inhabiliten adversarios políticos—una especie de apartheid con los que no comparten la misma ideología.

El problema económico: El alto gasto público que ha habido en los últimos ocho años responde al asistencialismo como mecanismo para arrastrar votos y mantener influencia en la población. El aumento de la dependencia del petróleo y la ausencia de un aparato industrial sustentable han hecho que nos convirtamos en una economía de puertos que, aunado al control de precios y al control de cambio, ha hecho que el índice de inflación se calcule oficialmente a más de 30 por ciento. La devaluación de la moneda ha provocado que se encarezcan los precios en la cadena de producción, provocando la escasez de aproximadamente el 50 por ciento de los productos básicos.

La seguridad personal y jurídica: Con 21,000 homicidios, el 2012 fue el más violento de los últimos 14 años, convirtiendo la inseguridad en el principal problema de los venezolanos. Esta violencia es en parte motivada por el discurso incendiario del oficialismo y la impunidad reinante en el país. Si a ello sumamos las expropiaciones, las ilegalizaciones y las “ventas camufladas de empresas,” el país resulta poco atractivo para las inversiones extranjeras, desperdiciando nuevas oportunidades de empleo y de producción.

A medida de que se agudicen estos problemas, el escenario de un probable estallido social se hace cada vez más posible, lo cual llevaría a Venezuela por otras vías no deseadas de control político.

Opciones políticas

Pase lo que pase, la gobernabilidad no estará garantizada como en otras épocas. Por un lado, Nicolás Maduro no tiene el liderazgo de Chávez, y además tiene que superar divisiones internas en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).  Por el otro, Henrique Capriles tiene a todos los poderes y a la mayoría de los gobernadores en contra, con lo que ambos tendrán que desplegar sus habilidades políticas para asegurar apoyos y garantizar la viabilidad de sus propuestas.

En el caso de la victoria de Maduro, se presentan tres escenarios:

  1. Que se profundice el socialismo a un nivel más radical y se implante el estado comunal junto a sectores extremos del proyecto bolivariano,  pero con resistencia interna en el PSUV.
  2. Que haya un referéndum revocatorio en la mitad del período impulsado por el reordenamiento de la oposición.
  3. Que el país siga su camino hasta el 2018, pasando por los diferentes ciclos electorales sin experimentar cambios profundos.

En el caso de la victoria de Capriles, será necesario un gobierno de unidad que permita la conciliación nacional y que incluya a los sectores moderados del chavismo.

Lo que suceda en los próximos tiempos en Venezuela será determinado por el cruce de estas variables, y por la capacidad de los candidatos de hacer frente a estos retos y garantizar la gobernabilidad para asegurar la viabilidad de sus promesas electorales.

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