Politics, Business & Culture in the Americas

La civilización del espectáculo de las prostitutas en Cartagena



Dice el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, en su último libro, el primero después de ganarse el prestigioso galardón, que asistimos a la “civilización del espectáculo.” Su argumento es que cada vez más la cultura se confunde entre lo banal y lo espectacular y que temas como el sexo y la vida privada hacen más que nunca parte de la esfera de lo público. Aunque la discusión de lo mediáticamente importante puede ser de largo aliento, lo innegable es que un espectáculo mediáticamente taquillero en la semana poscumbre de las Américas, ha sido el de los agentes del Servicio Secreto que hacían parte del cuerpo de seguridad del Presidente Barack Obama, quienes durante su visita a Cartagena pagaron servicios sexuales a prostitutas. O muchachas prepago, o damas de compañía como prefirió llamarlas el alcalde de Cartagena, Campo Elías Terán, quien consideró “injusto” llamarlas prostitutas—y puntualizó indignado que el puerto “no es el Cabaret de Suramérica.”

Ya a estas alturas sabemos mucho de ellas: Cuántas eran (20); quién es la mujer que pidió $800 por sus servicios y le pagaron $30 (Dania), razón por la cual desató el escándalo (vimos su rostro y por supuesto su cuerpo para poder hacer la valoración pertinente sobre si su reclamo era legítimo); y los bares donde trabajaban, burdeles cuya clientela aumentará solo por la morbosa curiosidad.  Los medios corrieron por la exclusiva como si se tratara de la mismísima “garganta profunda,” y hasta hay rumores de que el New York Times le pagó para que no le hablara a ninguna otra publicación.

El periodista que destapó el escándalo en el Washington Post, Ronald Kessler, es más famoso aún, como también algunos de los 12 agentes que participaron en tamaño desliz (y de paso su familia sometida a escarnio público), cuyas fotos en Facebook coqueteando con otras mujeres ya son de dominio público, y cuyas cabezas rodarán dentro de poco, quizá junto a la de Mark Sullivan, director de la agencia que le cuida la espalda a uno de los hombres más custodiados del mundo.

No faltó por supuesto la versión de cómo esas mujeres habían puesto en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos y si lo que pretendían más que brindar una noche de placer y fantasía a unos extranjeros que siguen viendo al Hotel Caribe como el lugar exótico de damas disponibles por las que pagarían tanto billete verde, era sacarle información a los incautos hombres para cometer actos terroristas. Sí, toda una conspiración contra los inocentes agentes.

Una seguidilla de chistes en Twitter y en redes sociales nos pusieron sin duda a asistir a la civilización del espectáculo de las prostitutas en Cartagena, mientras la aerolínea Spirit en un acto poco decoroso ofreció tiquetes baratísimos a la romántica ciudad caribeña, promocionándolos con el lema “More Bang for Your Buck” junto a la foto de dos mujeres curvilíneas en vestido de baño. Publicidad engañosa diría el lector acucioso pues tiquetes desde $20 para terminar pagando $800 por el servicio, resulta ser, en realidad, “more buck if you want a real bang.”

Hasta aquí la banalización. Lo realmente preocupante del episodio es que aunque algunos medios hicieron la tarea de recordar que la problemática real es el turismo sexual que hay en Cartagena, la mayoría se quedó en el detalle morboso. Se nos olvidó que pese a que en Colombia la prostitución es legal, las “damas de compañía” no fueron forzadas a ir al Hotel Caribe, y en apariencia no había menores, seguir promocionando al Caribe colombiano como un destino donde los extranjeros pueden cumplir sus fantasías sexuales contribuye a la trata de blancas. Sí, porque la trata de blancas también se hace a nivel interno y también incluye traer a mujeres pobres e incluso desplazadas de otras regiones a ejercer la prostitución en el destino turístico por excelencia. Porque aun cuando hay mujeres que voluntariamente ejercen el oficio más antiguo del mundo no solo por necesidad, sino por mantener ciertos lujos—como bien lo dice la periodista María Jimena Duzán en su última columna—también existe la prostitución forzada, los proxenetas, y las aerolíneas y los hoteles que se nutren del negocio ofreciendo mujeres como mercancía.

Porque también hay redes que las sacan del país a que se prostituyan en Europa y Estados Unidos. Y porque esta situación tampoco la desconoce la misma embajada americana en Colombia que  ha emitido varias circulares en las que alerta que en el país, la trata de blancas, es considerado un “delito preocupante” y le pide a su personal abstenerse de alimentar las redes de prostitución.

El escándalo, con diferencias notables, hace recordar ese episodio oscuro en el que estuvieron envueltos militares estadounidenses asignados a la base militar de Tolemaida, ubicada en Melgar, Tolima, unos 90  kilómetros al sur de Bogotá. Se probó que al menos dos norteamericanos asignados al Plan Colombia participaron en una red que comerciaba películas pornográficas realizadas con menores, unas veces protagonizándolas ellos mismos, otras veces filmándolas, violencia sexual que la justicia colombiana nunca castigó. ¿Por qué? Porque Estados Unidos y Colombia tienen acuerdos bilaterales de inmunidad diplomática según los cuales el personal estadounidense, contratistas o militares, asignado en Colombia, no puede ser juzgado en este país sino solo bajo las leyes del suyo, no importa cuáles sean los hechos en que se vean incursos. Impunidad diplomática, mejor dicho.

Entonces el guayabo poscumbre más allá de la no declaración, también nos dejó asistir a la civilización del espectáculo de las prostitutas, un escándalo que dicen los grandes medios puede hacer tambalear la re-elección del Presidente Obama. ¿Para tanto? Quién sabe. Lo cierto es que no hará tambalear el estigma de Cartagena como destino turístico sexual. Allí seguirán yendo los extranjeros.

Jenny Manrique es una bloguera que contribuye a AQ Online. Es periodista colombiana y editor de Semana.com. Su cuenta de Twitter es @JennyManriqueC.

ABOUT THE AUTHOR

Jenny Manrique es una bloguera contribuidora para AQ Online. Ella es una periodista colombiana que ha escrito para medios como Semana, Votebien.com, El Espectador, Latinamerican Press y Folha de São Paulo. Actualmente trabaja como periodista freelance. Su cuenta de Twitter es: @JennyManriqueC.

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