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Un barril de problemas para Venezuela



Ernesto Villegas, director de propaganda del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), aseguró hace dos semanas que si el petróleo venezolano llegase a cotizarse a 7 dólares por barril, la “revolución bolivariana no caería, se fortalecería”. La afirmación parece aventurada, incluso para los dirigentes del chavismo, acostumbrados a permear la realidad nacional con desconexos jingles publicitarios.

Entre noviembre y diciembre, el dólar paralelo en Venezuela pasó de 95 BsF a 165 BsF, valor que aumenta a tanta velocidad, que ha sido necesario actualizar la cifra tres veces para estas líneas. El Banco Central reportó en septiembre una inflación anual de 63,4%, y aunque no hay balances más recientes, la expectativa es que llegue a los tres dígitos en 2015. No hay números oficiales sobre la escasez de alimentos y productos durante el último trimestre, pero las filas en los mercados dan una idea de la disparidad entre oferta y demanda. 

Es en ese contexto que Villegas opina sobre la caída del precio del barril de petróleo venezolano, que la semana pasada cerró en 51,26 dólares, casi 40 por debajo de los 90,19 dólares registrados a comienzos de septiembre, cuando comenzó un desplome en la cotización del crudo que no ocurría desde 2008. 

La desvalorización del principal producto de exportación nacional—que costea 95% de los dólares que ingresan al país—ha venido a dificultar aún más las cosas para la comprometida gestión de Nicolás Maduro, elegido en abril de 2013 para un período de seis años. Al contrario de Villegas, el heredero político de Hugo Chávez no ha desestimado radicalmente la gravedad de la situación: “30% (de desvalorización) no es poca cosa”, llegó a reconocer el mandatario en un acto público dos semanas atrás. 

Con el desplome petrolero, la primera medida del gobierno fue enviar al canciller—y antiguo ministro de Petróleo y Minería—Rafael Ramírez, a una gira por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), para convencer a sus socios de la necesidad de reducir la producción para aumentar los precios. El saldo fue negativo: a pesar del urgente pedido venezolano, prevaleció la decisión de mantener las cuotas inalterables. 

El actual escenario ha dejado a Maduro pocas alternativas y la promesa de un 2015 difícil. Una de las decisiones que parece inevitable es el aumento de la gasolina, cuyo precio congelado hace 15 años ha creado una desigualdad tan absurda que con el costo de medio litro de agua mineral, es posible comprar el combustible para abastecer seis carros familiares. 

Acabar con el subsidio—que le cuesta al Estado 12.500 millones de dólares por año—implica un doble desafío: por años, Chávez evitó el tema por temor a repetir el estallido social que selló la suerte de Carlos Andrés Pérez en 1989, por lo que Maduro, además de tener que tomar una medida que golpea un punto de honor para la sociedad, golpeando su ya menguada popularidad, reconocería de forma tácita que la economía venezolana enfrenta su peor momento en muchos años. 

La reducción de ingresos también podría obligar al gobierno a realizar ajustes económicos para 2015—entre ellos una devaluación de la moneda, cuya cotización oficial—a 6,30 BsF, 12 BsF y 55 BsF—se mantiene alejada del cambio negro que determina el mercado nacional. Un estudio del Bank of America Merrill Lynch afirma que “por cada dólar de caída en los precios del petróleo, el sector público pierde 770 millones de dólares en ingresos netos”, y advierte que de continuar la tendencia, el Estado venezolano necesitaría un financiamiento adicional de 12 mil millones de dólares. 

En 2013, cuando el precio del barril petrolero superaba los 100 dólares, el Congreso sancionó un presupuesto nacional calculado con una tasa de 60 dólares por barril. El objetivo era tener un margen de acción en caso de que los precios disminuyeran. En aquella época, el entonces ministro de finanzas sostuvo que los retos para el país eran aumentar la producción nacional y controlar el dólar paralelo, en aras de evitar un mayor incremento inflacionario. No sólo no se alcanzaron los objetivos, sino que además el país no consiguió tirar provecho de la diferencia de precios que por años le fue favorable.

El reciente anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos es una señal aún más clara de que el futuro de Venezuela es desalentador. Raúl Castro, en un gesto sin precedentes, ha dejado a la deriva a su benefactor, aislando a la “revolución bolivariana” en su momento más crítico. 

La Habana parece haber aprendido la lección: la caída de los precios del petróleo a finales de la década de los 80 fue uno de los factores que contribuyó al fin de la Unión Soviética, entonces colaboradora de la isla. A finales de los 90, la ayuda de Hugo Chávez sirvió para minimizar los estragos ocasionados por el declive de Moscú. Durante casi una década, Venezuela ha enviado diariamente 100 mil barriles de petróleo a la isla, a cambio de asistencia médica, académica y deportiva. 

De nuevo frente al ocaso de un gran aliado, y apenas dos meses después de la muerte de Hugo Chávez, Castro emprendió una negociación osada que salvase a su gobierno de atravesar por otro “período especial”. Las varias décadas en la senda revolucionaria parecen pesar, y es que mientras Cuba abraza a los Estados Unidos, Venezuela abraza al vacío. 

ABOUT THE AUTHOR

Paula Ramón is a contributing blogger for AQ Online. She is a Venezuelan journalist based in Brazil.

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