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Evo y el fin de la luna de miel



Siete, dicen, es el número cabalístico que marca la primera crisis matrimonial seria, de esas que acaban en ruptura definitiva. Pero dado que el tiempo es hoy una categoría tan relativa y de cada vez menos duración, las crisis conyugales suelen comenzar bastante antes. Eso parece haber sucedido en Bolivia con el matrimonio de Evo y el pueblo a cinco años de iniciado su gobierno. La luna de miel se ha acabado de la peor manera: con el mayor gasolinazo de la historia reciente como regalo de Navidad. Digamos, una torpeza.

La reacción del pueblo fue entonces furibunda. Evo no se lo esperaba, confiado, cómo no, en ese 67 por ciento de respaldo popular que en 2008 lo ratificó en la Presidencia y luego lo reeligió por cinco años más en diciembre de 2009. Digamos que esa pareja -Evo y el pueblo- confiaba uno en el amor del otro. Así, llegada esta Navidad ni el pueblo esperaba un gasolinazo del 80 por ciento ni Evo que quemaran su vivo retrato en las calles y quisieran echarlo a patadas de la casa como hicieron con Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 y encima ¡esos mismos actores!: la ciudad de El Alto pero además, Oruro, Potosí y el Chapare. Es decir, sus mayores plazas electorales de donde salen gran parte de los llamados “movimientos sociales”, en su mayoría indígenas y sectores populares del occidente del país. Digamos sus amadas.

La confianza se rompió. Ni los regalos que Evo ofreció como consuelo sirvieron pues develaron más bien a sus consentidas formales: las Fuerzas Armadas, la Policía y los maestros, para quienes anunció un incremento salarial. Pero al pueblo, su amante hasta entonces incondicional, ese que vota por él y no tiene trabajo ni salario seguro, no le dio nada. Entonces la protesta llegó a un extremo peligroso y por primera vez en cinco años de gobierno Evo sintió que ni él, “tata Evo” y su 67 por ciento, tiene asegurada la silla presidencial. Evo abrogó así el decreto del gasolinazo diciendo que escuchó al pueblo pues su lema es “gobernar obedeciendo”. Una salida obvia, poco creíble e incluso deshonesta.

Primero porque no es posible dictar un incremento en el precio de la gasolina de tal magnitud por mandato del pueblo, menos hacerlo cuando el discurso del éxito económico fue una constante en estos años por lo cual una medida así resulta simplemente incomprensible, y menos aún si luego de esta crisis el pueblo pide la cabeza del ministro de economía como directo responsable de la medida y Evo lo ratifica casi desafiante en el reciente cambio de gabinete ministerial. Así, “gobernar obedeciendo” resulta cuando menos demagógico.

Pero hay algo más –o menos honesto- detrás de este gasolinazo. Ya es preocupante que el propio presidente Evo diga que la gasolina subvencionada en Bolivia salga del país como contrabando en mamaderas (biberones). Eso no puede sino tomárselo con humor porque es simplemente un insulto a la inteligencia. Y es que el frustrado gasolinazo ha develado la finalmente frágil relación amorosa del gobierno con los sectores sociales afines a él pues dado que no hay cambios estructurales significativos (más trabajo, mejores servicios, ingresos, etc.) ésta se ha reducido a una relación interesada marcada por prebendas a sus dirigentes y cuotas de poder (luego de esta crisis la flamante ministra de Medio Ambiente y Aguas es ahora una dirigente social de El Alto, cuota devuelta por Evo). Y esto no es poco porque sólo así se explica que las manifestaciones violentas por el gasolinazo navideño hayan sucedido precisamente en El Alto, Oruro, Potosí y el Chapare, es decir, en la casa misma de Evo donde la gasolina es un producto cotizado a bajo precio. ¿Por qué? Porque son zonas de contrabando y narcotráfico. Y es que no está claro, por ejemplo, por qué que en El Alto existen 17 gasolineras en el trayecto que va hacia el Perú, algunas de éstas incumpliendo la norma que prohíbe su existencia a menos de 25 kms. de la frontera. Los permisos los otorga el gobierno y el contrabando claramente no sale en mamaderas. Lo que sí parece estar claro es que los dueños de éstas, en aquella región marcada del color del MAS en el mapa electoral, alentaron las protestas para evitar un gasolinazo ciertamente inconveniente a sus intereses económicos, lo mismo que en el Chapare.

Ante una relación deshonesta, la luna de miel del presidente Morales con el pueblo no puede sino haber llegado a su fin.

*Cecilia Lanza es una bloguera que contribuye a americasquarterly.org y vive en La Paz, Bolivia.

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Cecilia Lanza

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