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El significado de las Reformas Educativa y Fiscal en México



Casi desde el principio de su período, el presidente Enrique Peña Nieto comenzó a presentar una serie de reformas que—de acuerdo con el discurso oficial—permitirán que México avance. Las dos primeras, las reformas laboral y bancaria, suscitaron grandes controversias y provocaron la oposición de algunos segmentos de la población, aunque muchos otros no se dieron por enterados. En la laboral, se estableció el pago por hora, y en la bancaria, decidieron penar con cárcel a los deudores de los bancos, entre otras cosas más.

Pero fue la presentación de la reforma educativa la que detonó una seria oposición de parte de los maestros agrupados en la llamada CNTE (Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación) y de algunos segmentos de los maestros agrupados en el SNTE (Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación), quienes se han manifestado en diversas ciudades del país, pero especialmente en la ciudad de México, donde permanecieron en el Zócalo por varios días hasta que fueron desalojados el viernes 13 de septiembre por la policía federal, después de haber sufrido un linchamiento mediático sin precedentes por parte de las dos televisoras del país.

Pero, ¿qué es lo que reclaman los maestros? De acuerdo con la reforma, se establece un sistema de evaluación que ellos deberán cumplir para continuar desempeñando sus labores. Hasta aquí, todo bien. El problema viene en la forma en que dichas evaluaciones se llevaran a cabo, pues más bien parece que con ello el gobierno busca recuperar el control del magisterio, pues fuera de la evaluación, no cambian en nada las condiciones en que se imparte la educación en México.El doctor Manuel Gil Antón, profesor de El Colegio de México, hace una analogía de la reforma educativa comparándola con un autobús destartalado, con el motor en malas condiciones, los asientos rotos, sin ventanas y que circula por una carretera llena de agujeros. Los pasajeros, cansados, deciden hacer algo, y uno de ellos propone que se capacite al chofer, ya que con eso lograrán llegar a su destino. Pero otros se quejan diciendo que, si bien eso ayudaría, también hay que arreglar el motor, las ventanas y la carretera. Es decir, dice el doctor Gil, de nada sirve capacitar a los maestros si no se mejoran las condiciones en que muchos de éstos laboran, si no se invierte en la construcción y mantenimiento de escuelas, especialmente en el área rural, y si no se revisan y mejoran los programas de estudio.

El mismo secretario de Educación Pública, Emilio Chuayfett, reconoció en una entrevista transmitida por televisión que más que una reforma educativa es una reforma laboral educativa. Curiosamente, sin embargo, no se le pone freno a la corrupción del sindicato y se permite que sus nuevos líderes (ahora que Elba Esther Gordillo está presa) continúen medrando a costa de sus agremiados.

En medio de la tormenta desatada por esta reforma, el gobierno presentó la reforma hacendaria o fiscal, que también ha provocado numerosas muestras de rechazo, en esta ocasión por la clase media y los empresarios, pues en lugar de ampliar la base tributaria e imponer una carga fiscal progresiva, propone tan sólo un aumento en el Impuesto Sobre la Renta (ISR)—aunque también desaparece algunos impuestos como el llamado IETU y el IDE y evita gravar con el Impuesto al Valor Agregado (IVA) los precios de los alimentos y medicinas—una reducción en las deducciones y algunos impuestos nuevos que afectarán principalmente a la clase media, tal como el IVA a las colegiaturas, a la renta y venta de inmuebles y a la comida para animales (que curiosamente es el que más indignación ha provocado en las redes sociales), entre otros más.

Pero el sector empresarial también se ha quejado, pues en esta reforma se propone terminar con el sistema de consolidación fiscal—que permite a las grandes empresas reducir significativamente sus impuestos—, gravar las ganancias de capital en la Bolsa y terminar con el régimen especial que hay para las pequeñas empresas. Para muchos, se trata de una reforma fiscal insuficiente.

En pocas palabras, el gobierno mexicano se ha echado encima a buena parte de los actores sociales, por lo que tendrá que comenzar a dialogar, especialmente si quiere conseguir apoyos para su reforma energética, que ya ha suscitado mucho rechazo entre la población. México necesita muchas reformas, pero al parecer, el gobierno aún no sabe como hacerlas.

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