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10 Personas Que (Algún Día) Reconsutuirán Venezuela: El Capitán de la Industria

Lorenzo Mendoza es la cara de un sector privado que se ha tenido que adaptar para sobrevivir.

Federico Parra/AFP/Getty

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Este artículo fue adaptado de la edición impresa de AQ sobre Venezuela después de Maduro. | Read in English

Las expropiaciones comenzaron en el gobierno de Hugo Chávez en un sector crítico: el del petróleo. Con el paso de los años, el gobierno venezolano incautó varias compañías en otros sectores (agrícola, financiero, industrial, de telecomunicaciones e incluso el del turismo) y les impuso mayores restricciones a otros.

Decidido a controlar los sectores estratégicos, al gobierno le encantaría controlar la producción de comida, en particular Empresas Polar, la empresa de alimentos más grande del país que produce la mitad de su masa de arepas.

Pero Polar es diferente. Mientras que los ministros tienen problemas para administrar las más de 500 compañías que ahora están bajo su control, han sido precavidos en no tocar a Polar: una toma podría exacerbar el hambre en un país ya inmerso en una crisis social, económica y política. Eso llevaría a una mayor inestabilidad.

Esencialmente, la aptitud de Polar la protege, lo que ha llevado a varios venezolanos a pedirle al presidente de la compañía, Lorenzo Mendoza, de 52 años, que se lance a la presidencia en las elecciones de este año.

Años de incertidumbre han hecho que varios ansíen tener en el gobierno de su país la estabilidad y experiencia con la que Mendoza ha dirigido a Polar. Mientras que la popularidad de Nicolás Maduro está en un 12 por ciento, Polar goza de una tasa de aprobación del 90 por ciento, según la encuestadora Datanálisis.

El gobierno ha intentado hacer de Mendoza el chivo expiatorio de la escasez, diciendo que los empresarios acaparan alimentos y juegan con los precios para sabotear la revolución. Pero Mendoza responde fuego con fuego, pues ha aparecido en televisión para explicar por qué Polar no es capaz de abastecer el mercado por completo. En una semana reciente, Polar solo pudo comprar el maíz suficiente para que las plantas en las que fabrican su masa de arepas operaran al 7,7 por ciento de capacidad. Las autoridades han inspeccionado a Polar más de 4.800 veces en la última década. Eso es más de una inspección al día, cada día, por una década.

Los medios de comunicación gobiernistas también han atacado a Mendoza por venir de una familia acaudalada. Y en efecto, con sus camisetas polo y gafas a la moda, Mendoza se ve como el estereotipo de la élite del país. Uno de sus antepasados, Cristóbal Mendoza, firmó la declaración de independencia de Venezuela y fue presidente entre 1811 y 1812. Mendoza fue a una escuela preparatoria en Nueva Jersey y luego a Fordham University y a MIT. A sus 29 años se convirtió en el líder de la compañía fundada por su abuelo.

Desde entonces, como una de las últimas personas que sigue en pie en el atribulado sector privado de Venezuela, se ha ganado la reputación de poder hacer que éste funcione de nuevo. Los cambios que se necesitan son básicos: hacer que las regulaciones sean consistentes y predecibles y abandonar los controles sobre el intercambio de divisas extranjeras, para comenzar.

Mendoza prefirió no lanzarse a la presidencia. No explicó por qué, pero María Carolina Uzcátegui, presidente de Consecomercio, la cámara de comercio del país, dijo que entrar a la política le podría generar más persecuciones a Polar. Esto podría poner en peligro la capacidad de la compañía de alimentar al país y de emplear a 30.000 venezolanos. Pero es claro que Mendoza tiene una visión que va más allá de ser el líder de Polar.

“La realidad de nuestra región es de grandes desigualdades”, le dijo Mendoza al Latin Trade cuando fue nombrado como el “CEO de responsabilidad social del año” por esa publicación. (Mendoza prefirió no pronunciarse para este artículo). “Esta realidad requiere de un compromiso más allá de crear empresas, un compromiso con una sociedad y con las comunidades en las que trabajamos y vivimos”.

Mendoza demuestra este compromiso al patrocinar equipos de béisbol, así como programas de salud, educación y desarrollo. La Fundación Empresas Polar financia escuelas de emprendimiento que les ayudan a las pequeñas compañías que proveen necesidades como jabón y que exportan servicios como diseño gráfico. Allí, los emprendedores aprenden lo básico, como cómo crear un plan de negocios y cómo registrar una compañía.

“Venezuela tiene uno de los niveles más altos de emprendimiento del mundo”, dijo Patricia Suárez, quien lleva a cabo talleres de emprendimiento en Caracas. “Pero también tiene una de las tasas de fracaso más altas”, porque muchos se lanzan sin tener estas habilidades, dijo.

A pesar de ser reconocido, Mendoza no es el único líder de negocios eficiente de Venezuela, dijo Uzcátegui. Los bancos han seguido andando a pesar de la hiperinflación y de la escasez de efectivo, los cafés siguen adelante a pesar de tener que vender pan por debajo del costo y las empresas de transporte operan sin piezas de repuesto.

Una vez que el gobierno permita más libertad, otros aparecerán, endurecidos como Mendoza por 15 años de controles a las divisas, el comercio y los precios, dijo Uzcátegui.

“Así como algunos países tienen estatuas de sus soldados desconocidos”, dijo, “Venezuela debería tener estatuas de los empresarios desconocidos”.

Bodzin es un periodista con varios años de experiencia cubriendo la industria energética.

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