Politics, Business & Culture in the Americas

Estudiantes de postgrado monitorean la situaciòn en Chile



A 8.247 kilómetros de Santiago de Chile, en una pequeña sala de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales (SIPA) de la Universidad de Columbia, en Nueva York, un grupo de estudiantes monitorea atentamente la situación en Chile, luego del terremoto que el pasado 27 febrero sacudió el centro y sur del país.

A través de Twitter, Facebook, blogs, y medios de comunicación, el grupo de voluntarios recolecta información humanitaria como la falta de luz o alimentos y, tras ubicar las coordenadas de la zona, la coloca en un mapa. El resultado es un mapa interactivo que permite, tanto a ciudadanos como a las organizaciones humanitarias conocer en tiempo real cuál es la situación en las zonas afectadas.

El programa, conocido como Ushahidi-Chile y disponible a través del portal chile.ushahidi.com, fue lanzado una hora después de que se reportara el terremoto. Desde entonces,  el portal ha registrado más de 630 incidentes.

“Al inicio, las informaciones eran sobre edificios caídos y otros tipos de emergencias, mientras que ahora la mayoría de los reportes son sobre farmacias y supermercados que están abiertos o hospitales que han reabierto sus puertas,” explica Anahí Ayala Iacucci, estudiante de SIPA y una de las coordinadoras del proyecto.

Según los voluntarios de Ushahidi-Chile, las redes sociales Twitter y Facebook se encuentran entre las principales fuentes de información pues ofrecen datos que no se encuentran en los medios de comunicación tradicionales. Entre los mensajes más frecuentes se encuentra la falta de luz y agua o los nombres de personas que permanecen desaparecidas y sobre las cuales se solicita información.

Asimismo, organizaciones como la Cruz Roja chilena y Chile Ayuda utilizar Twitter para informar dónde se pueden realizar donaciones de alimentos, medicinas y productos de primera necesidad. Hace dos días, por ejemplo, la Cruz Roja publicó un mensaje en el que solicitaba “30 voluntarios para recolectar artículos de aseo en los supermercados Jumbo”. Toda la movilización de los voluntarios se realizó a través de ésta red.

La importancia de Ushahidi-Chile es que ofrece una plataforma única donde mensajes como el de la Cruz Roja, que suelen perderse entre los cientos de comentarios que se publican en Twitter, están organizados por categoría y disponibles a cualquier hora.

Si bien las redes sociales ofrecen información de primera mano, el principal problema que han encontrado los voluntarios con los mensajes de Twitter y Facebook es cómo verificar su autenticidad.

“Las informaciones que nos envían las organizaciones chilenas es muy completa. Sin embargo, a veces recibimos mensajes con poca información, difíciles de confirmar o con la ubicación equivocada. Por eso siempre tenemos que chequear los datos antes de publicarlos en el mapa,” explica Antonio Barroso, estudiante de SIPA y voluntario del proyecto.

Por ahora, el grupo de ayuda cuenta con unos 60 voluntarios, todos estudiantes de la Universidad de Columbia.  Sin embargo, miembros de Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales han expresado su deseo de ayudar, de forma individual, con el proyecto.

Según Ayala, SIPA manejará el programa durante unas tres semanas y, poco a poco, lo irá pasando a manos de un grupo de voluntarios en Chile.

No es la primera que este tipo de tecnología se utiliza para monitorear crisis humanitarias. Ushahidi, que significa testimonio en swahili, surgió en 2008 a raíz de los enfrentamientos postelectorales en Kenya. Desde entonces, el programa ha sido usado en Haití, luego del terremoto que sacudió la isla el pasado 12 de enero, así como para reportar incidentes de violencia en la República Democrática del Congo y en la Franja de Gaza.

*Clara Martinez es una bloguera invitada a AmericasQuarterly.org. Es una periodista venezolana y actualmente cursa estudios de potsgrado en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia.

Like what you've read? Subscribe to AQ for more.
Any opinions expressed in this piece do not necessarily reflect those of Americas Quarterly or its publishers.
Sign up for our free newsletter