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El Congreso que debatirá la paz



Finalmente las sospechas se cumplieron: el expresidente Álvaro Uribe llegó al Senado de la República de Colombia convirtiéndose en el mayor elector de la jornada, y logró que 19 candidatos de su nuevo movimiento, Centro Democrático, ocuparan sillas en el congreso. Aunque los más optimistas dentro de sus filas pronosticaban hasta 35 sillas, lo cierto es que el Centro Democrático solo fue superado por el Partido de la Uque logró 21 sillasun movimiento paradójicamente creado a su imagen y semejanza ocho años atrás, cuando sus integrantes apoyaban a quien hoy es su principal enemigo: el presidente Juan Manuel Santos.

Aunque Santos conserva la mayoría en el congreso—pues los partidos Liberal, Cambio Radical y Conservador que hacen parte de la Unidad Nacional, en suma lo dejan con el 65 por ciento del Congresolo cierto es que se vienen debates álgidos con Uribe como el gran opositor a la paz, que es el caballito de batalla de Santos. Y, continuando con las paradojas de la política, el partido de Uribe se queda en una esfera que hasta hace dos días era ocupada sólo por el izquierdista Polo Democrático, el único contrapeso que el oficialismo tenía en el hemiciclo.

Lo que puede resultar esperanzador, en medio de la falta de legitimidad de un Congreso que lleva años eligiendo a parapolíticos y que en estos comicios no fue la excepción33 electos tienen relaciones “non sanctas” con grupos armados, según la Fundación Paz y Reconciliaciónes que figuras de gran peso político pueden generar debates sesudos y plurales. Pesos pesados como Jorge Robledo e Iván Cepeda (Polo Democrático), Claudia Lópezun fenómeno electoral con 80.000 votos de opinióny Antonio Navarro (Partido Verde), Horacio Serpa, Viviane Morales y Juan Manuel Galán (Partido Liberal) y Carlos Fernando Galán (Cambio Radical), han ocupado altos cargos en el Estado. Estas figuras tienen trayectoria política, se les conoce por su seriedad y pocos cuestionan su transparencia.

Tanto a los candidatos que ya eran reconocidos en la opinión pública, como a los muchos uribistas desconocidos  que se colaron en la listas arrastrados por sus votos —como Carlos Felipe Mejía, Paola Holguín y Nora Tovar por mencionar algunos—les va a tocar legislar sobre nada menos que los acuerdos que se alcancen en la Habana en el proceso de paz con las FARC, un tema al que la bancada uribista se opondrá sin más argumento que el de su negativa a “negociar con terroristas.” El Congreso ahora se enfrenta a fuertes debates por temas como las amnistías para delitos atroces, y la posibilidad de la reinserción de las FARC a la vida civil y la política del país, lo que en el mejor de los casos tendrá a los guerrilleros participando en las elecciones regionales del 2017.

Aunque salvo la fuerza uribista todos los partidos le caminan a la paz, la pregunta es cómo se hace esa transición al posconflicto y cómo se generan mecanismos que no se limitarán a promover los diálogos de la Habana, como la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas. Otros temas de álgido debate incluirán la reforma a la justicia, la reforma a la salud y a la educación, y como no, la reforma agraria que tuvo a sectores campesinos como el arrocero y cafetero, paralizados en varios momentos del 2013. Estas son reformas cuyos debates se han aplazado, que no han tenido quorum, y que sin embargo tratan con sistemas colapsados y con mucha corrupción.

No obstante, aunque los números hicieron festejar a los partidos en cada una de sus sedes de campaña, lo que no se debe perder de vista es que el real ganador de la jornada fue el abstencionismo que alcanzo casi el 60 por ciento. Es decir que menos de la mitad de los colombianos eligieron a este congreso, un número que aumenta elección tras elección. Cómo hacen los políticos para que la ciudadanía vea la necesidad de participar de su elección en un país donde el voto no es obligatorio, es otra de las grandes deudas y dudas de esta democracia. 

A la que se le suma otra de corte más anecdótico y que quedó planteada con los resultados del domingo: ¿cuándo dejarán los periodistas de llamar a Uribe ex-presidente, o presidente y comenzarán a llamarlo Senador? O ¿ Será posible que el Congreso logre una bancada mayoritaria que impulse una reforma para habilitar su segunda reelección, y en efecto lo puedan volver a llamar Presidente?

 

ABOUT THE AUTHOR

Jenny Manrique es una bloguera contribuidora para AQ Online. Ella es una periodista colombiana que ha escrito para medios como Semana, Votebien.com, El Espectador, Latinamerican Press y Folha de São Paulo. Actualmente trabaja como periodista freelance. Su cuenta de Twitter es: @JennyManriqueC.

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