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Venezuela Entrampada



Con una inflación de 56%, un índice de escasez de alimentos básicos en 26,2%, una tasa de homicidio de 70 asesinatos por cada 100 mil habitantes, y un dólar que se cambia en el mercado negro por un precio siete veces mayor al valor oficial, Venezuela inicia 2014 con una crisis política que, temporalmente, parece opacar los problemas económicos y sociales que se han agudizado en el último quinquenio.

El reciente minuto a minuto de la historia venezolana parece una novela que se quedó acéfala, un guión cuyo escritor abandonó la historia a mitad de la trama y fue reemplazado con improvisación. El 12 de febrero, en el marco de festejos por el día de la juventud, centenas de estudiantes salieron a las calles a protestar contra un Gobierno con el cual no se sienten identificados. Nadie lo vio venir, pero en cuestión de horas, la protesta se volvió un polvorín que terminó con tres personas muertas—dos  estudiantes y un simpatizante del oficialismo. La aclaratoria es necesaria para hablar de un país en el cual hasta la vida humana se cuenta a través de la polarización.

Leopoldo López, dirigente político de la oposición, participó activamente en la protesta estudiantil, defendiendo ir a la calle como un método de presión política contra el Gobierno nacional. Su liderazgo en esta manifestación fue calificado como “polémico” por quienes creen que la moderación debía imperar para evitar la radicalización de un movimiento que lleva 15 años cuestionando los designios de la llamada “revolución bolivariana.” El opositor Henrique Capriles Radonski, gobernador del estado Miranda, y ex candidato presidencial, afirmó dos días antes que el movimiento iniciado por López, bautizado como “La salida,” creaba “expectativas de cosas que no se iban a lograr.”

El líder opositor de 41 años no opina a la ligera. Capriles comenzó su carrera política durante la era de Chávez. A pesar de la fuerza y el arrastre popular del oficialismo, Capriles  logró ganar varios cargos regionales por la vía electoral, y llegó a medirse dos veces en comicios presidenciales perdiendo por un margen de 10% contra el fallecido Hugo Chávez. Ocho meses después, Capriles consiguió reducir la diferencia al medirse con Nicolás Maduro, perdiendo por apenas 1,6% de los votos. No han sido pocos los cambios registrados en el abogado que comenzó con un silla en el Congreso Nacional en 2000, y quien ahora aboga por plantear “salidas reales” a las crisis económica, política y social que el país enfrenta.

Para un porcentaje de la población venezolana, que se ha mantenido en las calles durante una semana en protestas que han dejado un saldo de seis muertos, es difícil hablar en los mismos términos. Esta generación no cree en un futuro posible dentro de los linderos de su tierra patria. Para un joven promedio de 25 o 30 años, egresado de una universidad nacional, el día a día se dirime entre evitar la violencia y enfrentar la escasez de comida, medicinas, productos y bienes básicos. Decisiones como comprar un carro o alquilar un apartamento en la capital del país son postergadas indefinidamente, debido a las consecuencias de una economía con distorsiones que ha servido como laboratorio de prácticas de la “revolución bonita” por más de una década.

La frustración y la paranoia son sentimientos palpables en la Venezuela actual, por lo que no es de extrañar que centenas de personas salgan a las calles a buscar “una salida,” como quiera que eso pueda entenderse. Pero no sólo para ellos es difícil entender que la resolución de la crisis nacional pasa por diálogo y reconocimiento del otro. El Gobierno responde a las manifestaciones con balas, enviando las fuerzas de seguridad a la calle para abrir fuego de forma indiscriminada, tal como registraron varios videos aficionados y fotógrafos el pasado 12 de febrero.

Después de todo, para el presidente Nicolás Maduro—que  en abril cumplirá su primer año en el poder—éste  no es más que un nuevo capítulo de la guerra que se viene librando en Venezuela desde hace años. Guerra que se vive y resuelve de forma parcial—durante una semana de enfrentamientos, seis personas han fallecido y a pesar de la abundante documentación audiovisual—y la única persona detenida es el ex alcalde Leopoldo López bajo acusaciones de incendio, daños e incitación y asociación para delinquir. El Gobierno nacional también ha emitido órdenes de captura contra otros dirigentes de oposición, algunos retirados de la vida política hace años. El accionar de los cuerpos de seguridad no ha sido cuestionado, apenas fue destituido el jefe del Servicio de Inteligencia Bolivariana (Sebin) por desacato de acuartelamiento.

A menos de dos semanas de cumplirse el primer año de la desaparición física de Hugo Chávez, la pregunta obvia es ¿cómo va a resolverse la profunda crisis venezolana? Luego de más de una década de desconocimiento del otro y de frustraciones alimentadas por la rabia, la respuesta obvia parece ser que el país está entrampado en una polarización que en cuanto más balanceada, más radical. Lo que no parece tan obvio de entender es que la falta de diálogo en el país sólo puede resultar en más muertos, lo único que desde hace años no escasea en Venezuela.

 

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Paula Ramón is a contributing blogger for AQ Online. She is a Venezuelan journalist based in Brazil.

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