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La batalla del presidente Evo Morales con los indígenas del Territorio Isiboro Sécure



El año 2009 visité Yungas de Vandiola en Cochabamba, Bolivia, colindante por el costado sur con el Chapare, el mayor centro de producción de hoja coca en Bolivia. Allí vivía Silvia, dirigente cocalera.

Silvia me contó que el ahora gobernador de Cochabamba, Edmundo Novillo, paisano de la zona y miembro del partido de Evo Morales había prometido tierras a nuevos cocaleros como parte de la campaña política del MAS. Promesa cumplida. Porque esos colonos ingresaron a Yungas de Vandiola a plantar coca y el año 2006 se armó la grande dejando como saldo dos muertos. Lugareños contra colonizadores. Pero como Yungas de Vandiola es extraña -y sospechosamente diría yo- un lugar casi olvidado, nadie hizo demasiado caso.

Ahora que el centro de atención es el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) pienso en Silvia y en Yungas de Vandiola. Porque lo que ocurre con el TIPNIS es básicamente lo mismo. Aunque detrás del TIPNIS hay todavía mucho más que desatar pero eso vendrá después. Ahora sucede que los cocaleros del Chapare y nuevos colonos afines al presidente Evo Morales, esperan -como en Yungas de Vandiola- ampliar la frontera para el cultivo de hoja coca invadiendo cada vez más el TIPNIS.

Esos cocaleros, ingresados al TIPNIS como hormiguitas, poco a poco, durante los últimos 40 años, han conformado lo que se llama el Polígono 7.  A estos nuevos habitantes, los indígenas “originarios” del TIPNIS no los reconocen como miembros de su territorio. Pero es a ellos a quienes el gobierno de Morales quiere incluir sí o sí, como condición para “negociar” con los indígenas del TIPNIS que hace 15 días llegaron a La Paz en su IX marcha luego de más de dos meses de caminata para hablar con el Presidente Morales que finalmente no los recibió. ¿Qué pedían los indígenas? Que el gobierno desista de su intención de construir una carretera que pase por el medio del TIPNIS para lo cual busca realizar una consulta “previa” a todos sus habitantes -originarios y cocaleros recién llegados- ¿Para qué? Depende. Desde la versión del gobierno, para llevar desarrollo a la región. Y desde la versión de los indígenas del TIPNIS para posibilitar el desarrollo de la coca destinada al narcotráfico.

Pero en esta pulseta el gobierno de Morales arrancó con ventaja. Se adelantó en firmar un contrato (anulado luego de la presión social y varios millones de dólares perdidos) con la constructora brasileña OAS e inició dos de los tres tramos de la carretera en cuestión, pasándose por encima su propia Constitución Política del Estado y tratados internacionales que protegen el derecho de los indígenas a ser consultados. Construirá en Chimoré (Chapare), al lado del TIPNIS, el aeropuerto más grande y moderno del país con capacidad para aviones de carga. Construirá una enorme fábrica de úrea (fertilizante agrícola) cuya producción sobrepasará la capacidad de consumo local. Pero también construirá fábricas de leche (asunto incomprensible en una región no ganadera). Y esas no son promesas sino proyectos financiados y en desarrollo.

Y aunque los indígenas del TIPNIS demandaron al gobierno por no haber sido consultados “antes” de construir nada en su territorio, el gobierno no tuvo mejor idea que proponer una consulta “post”, que llama “previa”, incluyendo además a los cocaleros recién llegados. De ahí que los indígenas del TIPNIS marcharan hacia La Paz  a fines del 2011. Así consiguieron que el gobierno renunciara a la consulta “previa” sobre algo ya iniciado y, más importante aún, lograron la  intangibilidad del TIPNIS de modo que ninguna carretera lo atraviese, afectando el ecosistema.

Poco tiempo después, el gobierno de Morales incumplió su palabra. Así de simple.  Una “contramarcha” de cocaleros del Consejo Indígena del Sur (Conisur), afín al gobierno, revertió la promesa hecha a la marcha del TIPNIS y comenzó una verdadera campaña para realizar la consulta “previa” a todos los habitantes del TIPNIS. Para ello, el gobierno llevó regalos de todo tipo a las comunidades de la zona. Pero además y sobre todo, el gobierno de Morales logró quebrar a la dirigencia indígena que en este preciso momento inicia una batalla campal. De hecho, los disidentes de la organización del TIPNIS afines al gobierno crearon ya una dirigencia paralela. Y es con esa dirigencia con la que gobierno quiere “negociar”. Ellos son los miembros del Conisur cuyas 7 de sus 11 afiliadas cultivan coca y donde sólo el año 2011 se halló el 41% de pozas de maceración y el 45% de fábricas de cocaína.

A estas alturas resulta imposible no mirar lo que sucede en el TIPNIS que parece haber finalmente destapado esa enorme lacra, el narcotráfico, que como bomba de tiempo amenaza con erosionar gravemente al país y que el gobierno de Evo Morales no sólo niega, sino que al hacerlo, se convierte en cómplice.

Cecilia Lanza is a contributing blogger to AQ Online and lives in La Paz, Bolivia.

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