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De los triunfos de la sociedad civil y otros triunfos militares



El tsunami de noticias que sacude permanentemente a Colombia es una de las cosas por las que me gusta ser periodista en este país. No se acaba de reponer uno de una tremenda cobertura sobre las elecciones regionales cuando la agenda de la guerra, de la paz y de la protesta social, sigue moviendo las fichas del rompecabezas de esta nación sudamericana. 

En principio, muchas cosas hay que decir sobre el acontecer poselectoral. En términos de ganadores cabe mencionar a la registraduría por la rápida entrega de resultados y la puesta en marcha de la huella biométrica que afina un camino exitoso contra el fraude en las elecciones de 2014, más aún si el mentado voto electrónico se materializa.

En términos de perdedores es inevitable citar al ex presidente Álvaro Uribe, pues a pesar de que anduvo de tarima en tarima los últimos meses levantando los brazos de sus candidatos, sólo logró que tres de ellos ganaran en las grandes plazas (César, Santander, Sincelejo). También salieron casi por la puerta de atrás el Partido Conservador (del ex presidente Andrés Pastrana) y el Polo Democrático (al que pertenece el investigado ex alcalde Samuel Moreno) con bajísimas votaciones, mientras se empoderaron el Partido Liberal, cuna del presidente Santos, Cambio Radical del Ministro del Interior Germán Vargas Lleras, y el novato Progresistas del electo alcalde de Bogotá, el ex guerrillero Gustavo Petro, quien además ganó ocho curules en el Concejo de la ciudad. El triunfo de Petro representa una llegada histórica de un ex combatiente al segundo cargo más importante del país, aunque sea la izquierda (confusa y difusa) la que haya gobernado a Bogotá los últimos dos periodos.

No obstante, pese a los reportes de las autoridades, cuya frase taquillera de “todo se desarrolló en completa calma” se ha convertido en un estribillo difícil de tragar, hubo 31 asonadas en todo el país. Es decir que grupos de ciudadanos, muchos de ellos impulsados por candidatos perdedores, se tomaron las sedes de las registradurías y las alcaldías de manera violenta, destruyendo vidrios y puertas, quemando papeles y urnas, como forma de manifestar su inconformismo por los resultados. Aún hay varios municipios donde se realiza el reconteo y varias elecciones demandadas como la gobernación del Valle del Cauca.

Pero como la idea de este post era también mencionar los triunfos de la sociedad civil, un aire fresco trajeron los resultados en municipios como Soledad, Soacha y Buenaventura, donde los electores acabaron con años de hegemonía de familias o partidos que no querían soltar el botín de la administración pública. Los castigaron en las urnas y les negaron el triunfo. Es más, en Bello, Antioquia, ganó el voto en blanco en competencia contra un solo candidato—un suceso también histórico en las elecciones en Colombia. Los comicios en ese municipio que se repetirán el próximo 18 de diciembre, tendrán a falta de uno, siete candidatos

Otros desenlaces, sobre los que se alertó hasta el cansancio, fueron lamentablemente los predichos: herederos de la parapolítica y unos nuevos representantes de la bacrimpolítica y la mafiapolítica, componen el mapa electoral del país. En total 50 de los candidatos cuestionados fueron elegidos, ¡10 de ellos en gobernaciones!. Sobre ellos, los ojos de los medios y la sociedad civil estarán más vigilantes que nunca.

Boom! El golpe militar

Apenas ocho días después de conocer estos resultados, con el tsunami de noticias que es Colombia, ¡boom! el triunfo militar: mataron al comandante e ideólogo de las Farc, Alfonso Cano, y ¡boom!, comenzaron las declaraciones de ministros y presidente, también estribillos ya conocidos, sobre “el comienzo del fin de las Farc”, “el golpe más duro que ha recibido la organización guerrillera en su historia”, “es hora de que se sienten a negociar porque ya no les queda otro camino”.
Cano, cuyo nombre real era Guillermo León Sáenz, nació en el seno de una familia conservadora que, como una de las tantas paradojas de la vida, le bautizó así en honor al presidente de la época, Guillermo León Valencia (1962-1966). Valencia es recordado por combatir ferozmente a las llamadas “repúblicas independientes”, fortines de inspiración izquierdista, que a la larga dieron origen a las Farc. 

Al comandante muerto, que buscó por años una salida política negociada al conflicto, se le consideraba del ala más racional de una guerrilla cuyos ideales revolucionarios se fueron confundiendo con la ambición que deja el negocio del narcotráfico. Quiso siempre llegar a una representación política en el seno de la democracia, lugar que paradójicamente sí obtuvo su hermano Roberto Sáenz, actual concejal de Bogotá, y quien fue el encargado de recoger sus restos  y enterrar su cuerpo este miércoles en el cementerio el Paraíso en Bogotá.

Tras la muerte de varios miembros del Secretariado (Tirofijo, el mono Jojoy y Raúl Reyes), Cano había asumido las riendas de las Farc y desde hace más de seis meses, se había montado la operación Odisea, para acabarlo. En el operativo le encontraron ocho memorias Usb, de las que es predecible comiencen a ventilarse todo tipo de aliados inesperados, nombres predecibles que se quieran enlodar, pruebas certeras, otras inventadas.  Lo cierto es que pese al triunfalismo militar, ya el grupo guerrillero nombró como su nuevo comandante a Rodolfo Londoño, ‘alias Timochenko’, un hombre con gran antigüedad en la guerrilla, de la llamada ala dura, y quien dirige el Bloque Magdalena Medio con fuerte presencia en la frontera con Venezuela. De él se espera que continúe con la ofensiva territorial de los últimos meses, más si se tiene en cuenta que es el jefe de inteligencia y contrainteligencia de la guerrilla. En suma, una muestra más de que las Farc son capaces de reencaucharse una y otra vez, y que el fin del conflicto sigue siendo una ilusión de los colombianos. Que las victorias militares han debilitado a una guerrilla a la que poco a poco no le quede más que negociar, es una conclusión que todavía tomará un par de años. Esto quizá haga factible el sueño del presidente Santos de pasar a la historia como el que consiguió la paz, sobre todo porque fue otro de los triunfantes de las elecciones y las fuerzas políticas aglutinadas en la Unidad Nacional, cada vez más le abren el camino expedito a su reelección.

Todo esto pasó sólo en tres semanas. Y eso que no alcancé a mencionar que la protesta estudiantil que se votó a las calles, tal y como lo hicieran los chilenos, tumbó la reforma a la educación que pretendía privatizar más el modelo priorizando el ánimo de lucro y las carreras técnicas y tecnológicas. En este pulso sí perdió Santos, aunque ganó la sociedad civil, sobre todo porque fue una protesta pacífica. Pero eso es harina de otro costal. O de otro post. Aunque con el tsunami de noticias en Colombia, es impredecible saber de que estará uno escribiendo.  

Jenny Manrique es una bloguera que contribuye a AQ Online. Es periodista colombiana y fellow de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF) y del Dart Center for Journalism & Trauma.

ABOUT THE AUTHOR

Jenny Manrique es una bloguera contribuidora para AQ Online. Ella es una periodista colombiana que ha escrito para medios como Semana, Votebien.com, El Espectador, Latinamerican Press y Folha de São Paulo. Actualmente trabaja como periodista freelance. Su cuenta de Twitter es: @JennyManriqueC.

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