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BOLIVIA: EL REGRESO DEL CHE



A principios del 2006 visité El Chapare. Iba en busca de datos biográficos sobre Evo Morales; también quería escuchar anécdotas de los propios cocaleros sobre la lucha contra la erradicación de la coca, batalla que los ha enfrentado desde hace más de dos décadas con los Estados Unidos.

Mientras recorría los pueblos del trópico cochabambino, me llamó la atención un hecho curioso: en las oficinas de las federaciones de cocaleros no ondeaba la bandera tricolor boliviana, sino la whipala—la bandera de los pueblos indígenas andinos—y casi todas las paredes estaban pintadas con la imagen de Ernesto “Che” Guevara.

Desde el triunfo electoral de Evo Morales, el gobierno ha rendido tributo abiertamente al guerrillero argentino asesinado en Bolivia en 1967. Se construyen monumentos en honor al Che Guevara. Morales ha adoptado en muchos de sus discursos el saludo “Patria o muerte!”, característico de la revolución cubana, y llegó a compararse a sí mismo con el Che.

En enero, la película de Steven Soderbergh “The Argentine”, se estrenó en los cines bolivianos, con Benicio del Toro en el papel del mítico Guevara. La cinta se ocupa de la trayectoria del Che durante revolución cubana, y abarca hasta el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista. En marzo llegará a las salas la segunda parte, “Guerrilla”, que narra el fallido intento de Guevara de extender la revolución al resto de Latinoamérica y su ejecución a manos de militares en un pueblito de Bolivia.

La cinta viene precedida de gran expectación, puesto que algunos de los actores son bolivianos y parte de la filmación se llevó a cabo en La Paz. Asimismo, el director de casting de la película, Rodrigo Bellot, es un destacado cineasta boliviano. Sin embargo, es probable que la cinta provoque opiniones dividas en el país. No hay que olvidar que no todos simpatizan con la causa del Che: en 2007, las Fuerzas Armadas protestaron por comentarios de Morales en los que desestimó a los beneméritos de la guerrilla de Ñancahuazú, que condujo a la captura de Guevara y en la que murieron 55 combatientes bolivianos. En un gesto desafiante, Morales llamó a los ex combatientes “instrumentos del imperio”.

Por otro lado, la imagen del Che Guevara se ha convertido en símbolo de la presencia cubana en Bolivia, que se ha hecho más evidente en los últimos años con la polémica llegada de médicos que operan sin ningún costo a las personas de escasos recursos.

Asistí a la última función de “The Argentine” en el Cine Center de Santa Cruz—centro de la oposición de Evo Morales. El escaso público estaba conformado por gente mayor de edad. Los jóvenes estaban en la sala de al lado, viendo “El extraño caso de Benjamin Button”. Pero los comentarios eran contundentes: “Ésas son cosas de comunistas”, dijo un hombre despectivamente.

En una época en que Bolivia está más dividida que nunca, es difícil saber qué acogida le espera a “Guerrilla”. ¿Prevalecerá el orgullo de que actores y cineastas bolivianos hayan tenido la oportunidad de trabajar con el equipo de Soderbergh? ¿Será más fuerte el rechazo a la película motivado por la división ideológica? La respuesta la tendremos muy pronto.

*Liliana Colanzi es una bloggera que contribuye a americasquarterly.org

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