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Un Año Después del Terremoto en Chile: La Vivienda Como Derecho



Un año después de que un terremoto de magnitud 8,8 sacudió a Chile, miles de personas siguen sin vivienda. Más de 30.000 familias quedan viviendo en asentamientos informales.

La vivienda digna es un derecho al cual todos los chilenos debemos acceder. Oscar Arias, al recibir el Premio Nobel de la Paz en 1987, transmitió con fuerza el riesgo que implica permitir que compatriotas vivan indignamente al señalar: “Estamos convencidos de que un país libre de tugurios será un país libre de odios.”

Nosotros trabajando por Un Techo para Chile, operación local de Un Techo para mi País, queremos que las personas sin hogar sean una preocupación de todo el país. Nuestra experiencia de trabajo con las familias y dirigentes de asentamientos nos ha mostrado no sólo el sentimiento de injusticia que aqueja a las familias que no tienen un techo donde cobijarse, sino además lo violento que puede resultar el pasar toda una vida esperando un lugar digno donde vivir. Por eso no sólo construimos miles de viviendas de emergencia para quienes la situación lo exigía, sino además acompañamos a las familias más excluidas en su proceso a la vivienda definitiva.

Ese mismo sentimiento de urgencia por mejorar las condiciones de vida de quienes más sufren estuvo instalado en los miles de compatriotas que fueron protagonistas de un movimiento solidario de proporciones inéditas a comienzos del año pasado. La reacción al terremoto sobrepasó cualquier expectativa. Fue innumerable la cantidad de organizaciones formales y espontáneas que trabajaron por apaliar, de alguna manera, los daños de este desastre de la naturaleza. La campaña “Chile ayuda a Chile” triplicó su meta y en Un Techo para Chile vivimos quizás una de nuestras hazañas más grandes, que nos llevó a construir en menos de tres meses 24.000 viviendas en 157 comunas diferentes; cada uno de los 80.000 voluntarios que convocamos no quiso que ninguna familia chilena enfrentara el invierno sin un techo donde vivir.

Sabemos que la tarea que sigue es titánica. Más aún al reconocer que pese a todos los esfuerzos Chile no pudo celebrar su bicentenario sin asentamientos. No es de extrañar que a un año de la tragedia surja entonces como un imperativo preguntar cuántos chilenos siguen corriendo el riesgo de enfrentar el próximo invierno, y quizás el siguiente, en el mismo escenario violento de frío, hacinamiento y desprotección al que los obligó la emergencia.

No queremos que se diluya la pregunta de fondo en medio de una discusión política. En esto pedimos la complicidad de todos los sectores de la sociedad, porque creemos que la preocupación por los más pobres y excluidos debiera ser un imperativo de todos quienes compartimos este espacio de tierra. Con el nivel de desarrollo y los recursos que dispone nuestro país debiéramos considerar siempre una vergüenza que aún haya familias que no les queda más alternativa vivir en una vivienda de emergencia, sea porque resultó damnificada por una tragedia o simplemente porque no tuvo mejor suerte que la de nacer en una al interior de un asentamiento informales.

*Patricio Domínguez es un bloguero invitado a AQ Online. Es Director Social de Un Techo para Chile, operación local de Un Techo para mi País.

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