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Movidas en el poder: Cómo el presidente venezolano está afianzando sus defensas

El gobierno del presidente Nicolás Maduro pareciera estar fuerte- pero grandes vulnerabilidades, como la llegada de Trump, pudieran sacarlo del poder.
Nicolas Maduro
President of Russia Official (July 17, 2014)

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Basta con sondear el ánimo de los venezolanos para entender cómo perciben al gobierno del presidente Nicolás Maduro: más anclado al poder que nunca. Y con razón. A pesar de Venezuela está viviendo una de las crisis políticas y económicas más profundas que haya vivido ningún país latinoamericano en la historia reciente—y en medio de llamados a que Maduro abandone su cargo en el 2016— el control del gobierno sobre el poder pareciera estar más firme de lo esperado. Después de dos décadas consolidando su control sobre todas las instituciones, el Chavismo será más difícil de derrocar que lo que muchos anticipaban.

Sin embargo, detrás de aquel escudo de acero existen ciertas debilidades. Y el gobierno lo sabe. De hecho, Maduro y sus aliados están tratando desesperadamente de contrarrestar las cuatro vulnerabilidades más grandes que pudieran rápidamente destituirlos de su posiciones. La pregunta ahora, es si el gobierno será exitoso en su esfuerzo, o si la oposición—u otras influencias— podrán derribarlo primero.

Las fracturas dentro del Chavismo
Dentro del bloque de poder oficialista existen grupos que temen perderlo todo si la actual administración, radical en su planteamiento político y económico, sigue deteriorando su marca. Estos grupos Chavistas pudieran tener esperanzas de salvar a la revolución culpando a Maduro de la situación e introduciendo políticas que al menos generen la percepción de una recuperación económica—como simplificar el control cambiario, flexibilizar el control de precios, y aceptar ayuda humanitaria. El bloque moderado puede pensar que esto sería suficiente para salvaguardar la imagen del partido antes de las elecciones presidenciales del 2018.

Hasta el pasado 10 de enero Maduro era necesario incluso para los moderados del partido (PSUV), ya que su salida, legalmente hubiera supuesto nuevas elecciones presidenciales, las cuales hubiesen perdido sin remedio.

Sin embargo, a partir del 10 de enero un referéndum revocatorio a Maduro conllevaría a que el vicepresidente tome el poder durante el resto del período presidencial. Al nombrar a Tareck El Aissami para ese puesto el 4 de enero, Maduro y el bloque radical tomaron la delantera, anticipando el riesgo de que los moderados se impusieran. Que El Aissami, quien fue recientemente sancionado por los Estados Unidos por cargos de corrupción y narcotráfico, se convierta en presidente, no es del todo conveniente para el bloque moderado. Que Maduro haya sentido la necesidad de elegir a una figura tan radical, es un síntoma de que no se está tomando las divisiones dentro del partido a la ligera.

La economía
Como lo eran para su predecesor, el presidente Hugo Chávez, los subsidios petroleros son el combustible que Maduro utiliza para mantener de buen humor a una población que se acostumbró a recibir transferencias del gobierno sistemáticamente. Pero los días de $100 por barril ya pasaron hace tiempo, y la situación económica de Venezuela es nefasta. A pesar de una reciente subida en los precios del petróleo, se espera que la situación se empeore aún más mientras las medidas económicas incorrectas continúen destruyendo la producción y aumentando la inflación. Así, la economía de Maduro está en urgente necesidad de oxígeno, o, mejor dicho, de dinero.

Por eso hemos visto al gobierno muy activo en gestiones al interior de la OPEP, tratando de propiciar la subida de la cesta petrolera, así como tocando puertas a la banca internacional -Rusia y China- y a ciertas multilaterales -Corporación Andina de Fomento y el Banco Interamericano de Desarrollo.

 Pero Maduro ha encontrado trabas: estos entes internacionales se niegan a colocar recursos sin la aprobación de esa Asamblea Nacional que hoy se encuentra en manos opositoras, y que el oficialismo ha acorralado de manera efectiva.

Ante esta situación, el Gobierno ha empezado a hablar sobre la posibilidad de devolverle algún margen de acción a la AN, realizar elecciones, y relegitimar a los partidos políticos opositores, como herramienta de persuasión que permita obtener la luz verde de la Asamblea para el endeudamiento externo. A pesar de que algunos grupos dentro de la oposición están dispuestos a ceder a cambio de concesiones, la probabilidad de que la Asamblea apruebe una línea de vida para el gobierno es muy baja. De todos modos, crear la imagen de un diálogo con la oposición pudiera ser una manera, por sí sola, de reducir el miedo de inversores y prestamistas de que haya más inestabilidad.

Las encuestas
Una consecuencia directa del drama económico es el brusco descenso en popularidad registrado por el gobierno de Maduro en los últimos dos años. Si bien el presidente obtuvo la victoria en 2013 con un apoyo ligeramente superior al 50%, hoy en día difícilmente superaría el 20% en una hipotética confrontación electoral. Los efectos de este debilitamiento quedaron en evidencia con las elecciones parlamentarias de diciembre 2015, cuando la alianza opositora (MUD), consiguió una aplastante victoria, así como en las multitudinarias marchas del 2016. El Gobierno entonces cerró filas y, valiéndose del Consejo Nacional Electoral (CNE) y del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), no sólo ha postergado o eliminado la posibilidad de efectuar eventos de consulta popular, sino que también coloca trabas notorias en el proceso de registro por el que este año deben pasar los partidos de oposición. 

Aunado a eso, el gobierno busca deslegitimar a los medios de comunicación que cubren la crisis, tanto nacionales como internacionales. A CNN Español lo sacó del aire el pasado Lunes, y en el 2014 hizo lo mismo con NTN24.

Aún así, pareciera que el régimen reconoce que no podrá bloquear elecciones para siempre. Incluso está tratando de buscar maneras de volver a ser competitivo. Maduro anunció una “reestructuración” del PSUV para “asegurar una victoria” en futuras elecciones, diciendo en televisión nacional que la “capacidad político-electoral del PSUV se agotó.”

El presidente Trump
El presidente estadounidense Donald Trump ha expresado su preocupación con la situación en Venezuela y pareciera estar más dispuesto que su predecesor a tomar acciones que cercarían más directamente el acceso de Maduro a fondos externos. Si quisiera, Trump pudiera prevenir que Maduro tenga acceso a dinero ruso, pudiera hacer que la Organización de Estados Americanos reconsidere suspender a Venezuela, y pudiera también potencialmente influenciar al MERCOSUR para que haga lo mismo. Por eso es que el régimen de Maduro ha sido cauto con la figura de Trump, a quién ha evitado mencionar más allá de decir que seguramente no será peor que Obama.

 Incluso ante la reciente sanción a El Aissami, el gobierno no se pronunció fuertemente contra Trump, limitándose a rechazar las acciones del representante de negocios de la embajada americana en Caracas por instigar el rechazo de EEUU. En respuesta al tuit de Trump sobre la necesidad de liberar a Leopoldo López de la cárcel, Maduro respondió repudiando no al presidente estadounidense sino a los medios de comunicación y a la oposición por tratar de poner a Trump en su contra.  

Mientras el gobierno está consciente de sus riesgos y está tomando pasos para minimizarlos, el bloque opositor no ha sabido aprovechar esas debilidades de manera eficiente. Fuera del terreno electoral, donde la MUD ha sido muy exitosa, la coalición ha cometido muchos errores, mostrando fisuras en su engranaje y no llegando a acuerdos. El gobierno entonces ha podido administrar sus propias debilidades y transitar momentos de premura sin pagar altos costos, mostrándose como un régimen sólido.

Mientras que todavía está por verse si la MUD logrará unificarse después de anunciar recientemente un relanzamiento, el futuro político inmediato de Venezuela dependerá en igual medida de qué tan efectivo sea Maduro en apuntalar sus defensas. Si logra quedarse fuera de la mirada de Trump, encontrar una línea de vida económica y esquivar a retadores internacionales, podrá en efecto mantenerse seguro. Si no, los vientos de la inevitabilidad podrían cambiar de dirección rápidamente.

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Séijas Rodríguez es analista político y estadístico, Ph.D. Es de Venezuela, donde es director de la encuestadora Delphos.

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Any opinions expressed in this piece do not necessarily reflect those of Americas Quarterly or its publishers.
Tags: Venezuela, Maduro, MUD