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Camino a la presidencia: la pelea de la derecha en Colombia

Tradicionalmente, las elecciones presidenciales en Colombia se han caracterizado por sus escándalos de corrupción, filtración de dineros del narcotráfico, y compra desmedida de votos. Lejos de romper con esta penosa tradición, la actual carrera presidencial pasará a la historia, por sumar a este prontuario el espionaje, la polarización, los insultos y acusaciones, y la falta de propuestas serias.

A pesar de contar con la presencia de varios candidatos con ideologías diversas, las elecciones presidenciales del 2014 parecen enfrentar únicamente a dos de ellos, provenientes de la misma corriente política: Óscar Iván Zuluaga, del Uribe Centro Democrático (partido creado por el ex presidente Álvaro Uribe) y Juan Manuel Santos, del Partido de la U. (movimiento político creado por el mismo presidente. El afán por obtener la presidencia ha llevado a algunos  miembros de estos dos grupos a cometer actos de dudosa profesionalidad y a rayar en la ilegalidad.

Por una parte, al Centro Democrático se le han comprobado vínculos con  Andrés Sepúlveda, a quién a su vez se le investiga por interceptaciones ilegales de las comunicaciones del Presidente Santos y del equipo de negociadores del proceso de paz, que en la actualidad sostienen el gobierno y las FARC en La Habana, Cuba. Adicionalmente, un sector importante de las fuerzas militares colombianas ha mostrado abiertamente su simpatía con el movimiento político de Uribe. Esta lealtad quedó en evidencia con una polémica filtración de coordenadas geográficas de operativos secretos de inteligencia al ex-presidente, quien de inmediato las publicó en Twitter, sin reparo por los riesgos evidentes de seguridad para los involucrados en dichas misiones.

Álvaro Uribe gobernó a Colombia durante ocho años y hoy, cuatro años después de haber salido del Palacio de Nariño, parece que ha optado por sabotear la gestión del presidente que él mismo dejó como su sucesor (en 2010, Santos llegó a la presidencia como abanderado de las políticas de Uribe).

En las últimas semanas, y como si se tratara de un episodio de amnesia selectiva, Uribe Vélez denunció la entrada de dos millones de dólares del narcotráfico a la campaña de Juan Manuel Santos en 2010, omitiendo el hecho de que él mismo fue la columna vertebral de dicha campaña.

En los últimos días fue revelado un video en el que el candidato Zuluaga aparece recibiendo información confidencial del proceso de paz y otros asuntos de seguridad nacional. Varios de los periodistas que han denunciado estos nexos del uribismo con espionaje a través de hackers profesionales, y otras practicas poco éticas, han sido perseguidos y fotografiados por personas extrañas durante sus actividades diarias. Algunos incluso se han visto obligados a solicitar esquemas de seguridad por parte de la Unidad Nacional de Protección.  

A su turno, los seguidores de Juan Manuel Santos también olvidan que Santos fue Ministro de Defensa del gobierno Uribe, periodo en el que estalló el escándalo de los falsos positivos; ejecuciones extrajudiciales de civiles para hacerlos pasar por bajas guerrilleras. De los más de 3,000 casos de falsos positivos denunciados, solo se han juzgado el 5% de los implicados.

Según varias investigaciones periodísticas, este gobierno ha asignado billones de pesos a congresistas y otros funcionarios simpatizantes de Santos, para que dirijan la inversión de dichos recursos en las diferentes regiones del país. Las elecciones para el congreso, celebradas en marzo de este año, dejaron ver que los senadores a quienes más recursos se asignaron también fueron quienes obtuvieron las votaciones más altas.

Los uribistas aprovecharon este escándalo para acusar a los santistas de corrupción y compra de votos, también olvidando que la reelección del Presidente Uribe se logró gracias a la entrega de prebendas a diferentes parlamentarios, escándalo que se conoció como la “yidis política” (para conseguir los votos suficientes para la aprobación de la reelección, algunos congresistas recibieron puestos notariales y dineros por parte de funcionarios del gobierno de Álvaro Uribe).

En medio de esta riña caótica, en donde no cesa el cruce de insultos y acusaciones, hay dos importantes elementos cuya ausencia sobresalta a la mirada del electorado colombiano: el primero, un paquete de propuestas serias alrededor de temas como la salud, la educación, el sector agrario, la política internacional, la paz, y la justicia—que hasta hoy no ha sido planteado en suficiente detalle ni por los santistas ni por los uribistas. El segundo, un debate público en que los candidatos, en lugar de atacarse, debatan sus propuestas de cara a los problemas que acosan al país—que sólo se va a dar hoy, el 22 de mayo, tres días antes de que los electores salgan a las urnas. Esto no permite el tiempo adecuado para un verdadero diálogo entre los candidatos y la población.

Por el momento, esta guerra sucia entre uribistas y santistas solo dejará como perdedores a los que siempre han perdido: los colombianos.

*María Alejandra Mosquera is a guest blogger for AQ Online and a Colombian journalist who works primarily as an analyst of her country's political issues.

Any opinions expressed in this piece do not necessarily reflect those of Americas Quarterly or its publishers.
Tags: Colombia, Colombian Elections

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