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A través del hemisferio occidental, activistas ciudadanos fuera del sector público luchan cotidianamente por los derechos humanos y una sociedad más justa e igual; en la comunidad maya guatemalteca, Aura Lolita Chávez es una lideresa que defiende los derechos de los pueblos mayas, y recién la entrevisté.
Ella fue nacida en Santa Cruz del Quiché—160 kilómetros al noroccidente de la capital guatemalteca. Lolita es la fundadora y coordinadora del Consejo de Pueblos K’ichés, una instancia integrada por lideres indígenas de distintas regiones del departamento de Quiché y que busca fomentar una mayor participación de los sectores marginados y discriminados de la sociedad guatemalteca.
Su constante lucha a favor de los pueblos indígenas le ha costado una serie de acciones en su contra como denuncias en el Ministerio Público y en otras instancias judiciales porque constantemente lucha por la defensa de la vida, madre naturaleza, la tierra y el territorio. También, propugna mensajes de lucha y resistencia ante las políticas estatales que marginan o relegan a los indígenas a posiciones no deseadas, una de sus fuertes luchas es contra la explotación y exploración minera y la mala utilización de los recursos naturales, también es conocida por la organización de protestas y el bloqueo de carreteras para que las autoridades atiendan las peticiones de los pueblos indígenas.
Entre sus principales metas está el lograr una mejor calidad de vida para los pueblos de Quiché—por ello en una actividad recientemente declaró que los pueblos indígenas están en contra de las mínimas regalías que las grandes empresas mineras dejan al Estado sin que las comunidades afectadas se vean beneficiadas. Por ello exclamó, “Decimos sí a la vida y no a las regalías, porque nuestra tierra no se vende, se recupera y se defiende.”
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A pesar de muchos avances en México con respeto al género, las mujeres en el Estado de Oaxaca aún son marginadas. Usando el ejemplo de Evitelia Pacheco, una oaxaceña que fue elegida en Emiliano Zapata como una autoridad municipal, vean cómo las leyes indígenas de “usos y costumbres” limitan la inclusión social de mujeres como Evitelia.
(Foto en la página principal: Evitelia Pacheco entrevisando en su cocina; cortesía de la autora.)
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En La Paz, la ciudad de El Alto incluye una cantidad impresionante de las mujeres empresariales. Pero es necesario explicar primero cómo es la ciudad de El Alto para entender sus logros; tal vez esta anécdota sirva.
Mi hermano mayor vive en Europa hace más de 25 años. De manera que Bolivia es para él un lugar ciertamente ajeno. Aunque de vez en cuando encuentre aquí algunas similitudes con otros países a los que por razones de trabajo viaja. Así, cuando alguna vez llegó a La Paz, como todo viajero lo hace, tuvo que atravesar primero la ciudad de El Alto que es la puerta de ingreso hacia La Paz.
En la primera esquina lo recibió un atolladero de automóviles vetustos, bocineando a cuál más fuerte. La gente cruzaba en medio de los autos, zigzageando, cargada de bultos. Vendedores ambulantes, con sus carritos de fruta y comida, hacían lo mismo. Más adelante un burro también. Y como espectáculo aparte, el chofer de un autobús viejísimo y grandote, se peleaba a puñetes con el dueño de otro automóvil, a vista y paciencia de un policía inerme. Entonces mi hermano, radiante, exclamó: “¡Igualito que en la India!”
Y bueno. Sí. Los mercados de la pobreza suelen tener la misma cara en todo el mundo. Pero también la contracara. Y El Alto, como gran parte de la India, es un gran mercado. Una de sus caras es sin duda la informalidad y el contrabando. Pero la otra es la iniciativa empresarial-industrial en pequeña escala cuyos resultados son exitosos y tienen además rostro femenino.