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Colectivos de colombianos por la paz insisten en salida política negociada al conflicto.
Desde que el día de su posesión presidencial Juan Manuel Santos aseguró que “las llaves de un proceso de negociación no están perdidas”, varios sectores en Colombia han manifestado su optimismo por un cambio de discurso que, durante los ocho años de gobierno del ex mandatario Álvaro Uribe, sólo pronunció la palabra guerra.
Pasar a la historia como el presidente de la paz, ha sido el anhelo de muchos mandatarios en el país, aunque con resultados poco alentadores. El deseo de Santos no es la excepción a la regla. “Después de la aparición de las llamadas economías emergentes compuestas por el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), Santos quiere que Colombia figure en el concierto internacional como una potencia emergente. Para que eso ocurra debe dejar de ser un país en guerra”, asegura el congresista Iván Cepeda, hijo del asesinado líder de la Unión Patriótica (UP), Manuel Cepeda, por cuya muerte el estado colombiano fue condenado ante la CIDH.
Cepeda participó en el encuentro internacional “Haciendo la paz en Colombia”, realizado en Buenos Aires a fines de febrero, que reunió a colectivos nacionales e internacionales que buscan poner fin a cerca de cinco décadas de conflicto en Colombia.
Pero, ¿en qué han cambiado las condiciones para que los ánimos de una salida política negociada al conflicto de 50 años finalmente prosperen? Si bien Santos le coquetea a la idea de la paz, también ha sido claro en que esta “no será a cualquier precio” y que no conversará “con quienes se niegan al diálogo desarmado”. Y es precisamente el desarme antes de diálogo el elemento más complejo para construir confianza entre las partes.
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