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Cuba representa para Obama lo que el Canal de Panamá fue para Carter

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April 14, 2009

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**This interview with Javier Corrales originally appeared in Clarín. Javier Corrales is the author of "Markets, States and Neighbors," which appears in the Spring issue of AQ (to be released on April 16, 2009).

Por Fabián Bosoer, Clarín

En las últimas dos semanas el presidente Obama tuvo oportunidad de estrenar su protagonismo internacional en las Cumbres del G-20 en Londres y de la OTAN en Estrasburgo, y junto a los líderes de la Unión Europea en Praga y en Ankara, la capital turca, mientras se realizaba en Estambul la reunión de la Alianza de Civilizaciones entre Oriente y Occidente. Es ahora el turno de América latina. En la quinta Cumbre de las Américas que se realiza el próximo fin de semana en Trinidad y Tobago, podrá conocerse cómo piensa encarar la nueva administración demócrata las relaciones con la región, qué pueden esperar los países latinoamericanos de Washington y cómo se inserta la agenda hemisférica en el tablero geopolítico mundial. Javier Corrales, profesor de Ciencia Política del Amherst College, uno de los más selectos de los Estados Unidos, tiene una visión de conjunto que expone en esta entrevista.

Bosoer (Clarín): ¿Qué podemos esperar de esta nueva cumbre hemisférica?

Creo que no debemos esperar un gran cambio, un anuncio que nos sorprenda. No creo que este vaya a ser el momento para hacer ese tipo de anuncios y no creo que el gobierno de Obama esté listo para hacerlos. Hay que entender que Obama tiene una carga de temas muy críticos, y la mayoría de estos no están afortunadamente en la región. No tiene incentivo de lanzar ningún tipo de cambio fundamental precisamente porque, desde el punto de vista de Obama, nada está peligrando por ahora acá. Lo que sí vamos a ver es un clima muy diferente, menos antiamericano o menos. "resistente". Será una Cumbre mucho más armónica y con más sintonía que las anteriores.

Bosoer (Clarín): ¿Volvemos a los tiempos de Clinton?

En cierto modo sí, eran muy buenos los ánimos y se hablaba de convergencia hemisférica; pero ya no se va a hablar de convergencia. Es probable que Obama hable de "nuestra diversidad", no de "nuestra convergencia", y lo importante que es respetarla y entenderla y no pretender que un modelo prevalezca sobre los demás.

Bosoer (Clarín): ¿Después de las cumbres europeas, que tuvieron contenidos y definiciones concretas, no es dable esperar que ocurra algo más que tan sólo un "cambio de clima" en Trinidad y Tobago?

Creo que una diferencia muy grande respecto del segundo período de Clinton y los dos períodos de Bush es que no va a haber la insistencia sobre los condicionamientos a nuevos préstamos y nuevo financiamiento. Obama no estima que este sea el momento de ir a los demás países y exigirles que si quieren plata tengan que hacer esto o aquello, porque hay un deseo muy grande de estimular todas las economías a como dé lugar. Al igual que en Estados Unidos se hizo un estímulo muy cuantioso y la idea es inyectar estímulo a la economía. Me imagino que Estados Unidos va a hablar con México y con Brasil también sobre la posibilidad de que ellos estimulen la economía un poco más de lo que lo han hecho.

Bosoer (Clarín): ¿Cuáles son las preocupaciones principales de Washington en relación con América latina?

Hay tres temas al tope de la agenda. La droga, y sobre todo, cómo se exacerbó en los últimos 8 meses con el problema de México; el deshielo con Cuba y el acercamiento con Brasilia. Así está entrando Latinoamérica en Washington. Por vía de la Casa Blanca o por vía del Congreso o por vía de toda la gente que emite opiniones de qué es lo que se debe atender y de qué modo.

Bosoer (Clarín): ¿Existe la sensación de que México puede significar lo que fue Colombia, pero con todas las implicancias de una frontera común?

Ya se sabía desde hace tiempo que el problema que se resolvió en Colombia, es decir, aminorar la criminalidad relacionada con el tráfico de drogas, ahora entró en México en forma progresiva y alarmante, con una enorme cantidad de muertos. Esto ha hecho que aun un presidente cuyo modo de pensar es que parte de la responsabilidad del tema de la droga es de Estados Unidos, no obstante va a tener que responder con una medida fuerte. Cualquier esperanza que uno hubiera abrigado de que Obama tuviera una actitud más suavecita con el tema de las drogas ya no es tan factible, porque ahora es un tema de la frontera de Estados Unidos y del socio comercial más importante después de Canadá. Ya es un tema de seguridad nacional y amenaza concretamente al Estado mexicano, por lo tanto también a los Estados Unidos.

Bosoer (Clarín): Hay novedades respecto a Cuba, ¿Se acerca el fin del embargo?

Siempre se habla de que Obama va a tratar de aumentar el soft power de los Estados Unidos; o sea, todas aquellas cosas intangibles que puede hacer para promover ciertos valores que de por sí son muy llamativos para el resto de las naciones y que crean buena voluntad hacia Estados Unidos. Por algún motivo, el tema de Cuba se ha convertido en la primera muestra de soft power que va a querer utilizar Obama. Dar una muestra de que frente a un tema que es de mucha importancia para América latina, Estados Unidos quiere tener cierta sensibilidad. Una analogía que podríamos utilizar es que Cuba es para Obama lo que el Canal de Panamá fue para Carter. La demanda a favor de traspasar el Canal de Panamá a manos panameñas venía muy fuertemente de América latina, era un símbolo de la buena voluntad hacia la región.

Bosoer (Clarín): La reinserción de Cuba en el sistema hemisférico cerraría casi medio siglo de confrontación. ¿Supondrá también una autocrítica sobre el comportamiento de los EE.UU. en la región durante la guerra fría?

Creo que Obama lo está manejando bien y es porque él recibe un regalo del gobierno de Bush. En el 2004, Bush endureció el embargo; entonces, esto le permite a Obama volver al statu quo pre-2004. Sería políticamente muy riesgoso para un presidente demócrata hacer las paces con un país que los conservadores consideran enemigo de los Estados Unidos, a cambio de nada. Entonces, él va a hacer un gesto ahora a cambio de nada, y esto va a ser permitir los viajes a Cuba, los intercambios educativos y la definición de lo que es una familia cubana. Es un gesto muy importante, porque tiene sus riesgos políticos domésticos.

Bosoer (Clarín): México, Cuba. y Brasil como socio estratégico. ¿No existe el riesgo de limitar, una vez más, una visión de conjunto de los procesos políticos y sociales que vive la región?

Creo que la relación entre Washington y Brasilia puede convertirse en el cambio geopolítico más importante en la región desde la crisis de los misiles en el año '62. Lo que puede ser que esté sucediendo es algo parecido a lo que ocurrió a principios del siglo XX cuando las grandes potencias eran Inglaterra y la nueva emergente, Estados Unidos. Por muchos años Estados Unidos e Inglaterra, hacia finales del siglo XIX, tenían enormes divergencias sobre cómo encarar las relaciones en el hemisferio, y hasta cierto punto eran rivales políticos, no sólo económicos. Estas diferencias no desaparecen, se hacen una serie de acuerdos donde lo que ocurre es que el Reino Unido dice: "Estados Unidos va a ser de ahora en más el país encargado de los asuntos en esta parte del hemisferio".

Bosoer (Clarín): ¿Puede compararse esto con Estados Unidos y Brasil en la actualidad, una potencia global declinante junto a otra regional emergente?

La importancia de la región, económicamente hablando, está en descenso relativo en comparación a otras zonas; Estados Unidos tiene guerras lejanas a las cuales les tiene que dedicar mucha energía y materia gris; y tiene ahora un problema fronterizo grave. Ante una situación como esa, necesita socios en las demás partes donde no haya tantas crisis. ¿Puede Brasil ser esta clase de socio en la región, capaz de mantener la estabilidad y el consenso, y de ayudar a resolver las asperezas políticas que puedan existir?

Bosoer (Clarín): ¿Cuál es su respuesta?

No cabe duda de que Brasil es hoy por hoy un país muy diferente a como era en el 2001-2002. Pero, para seguir con el ejemplo, el cambio entre Inglaterra y Estados Unidos ocurre luego de haber tenido Estados Unidos mucha estabilidad, crecimiento económico y desarrollo institucional durante 30 años. Brasil lleva menos tiempo y tiene todavía serios problemas y flancos vulnerables. Pero creo también que el reconocimiento de que Brasil no lo puede hacer todo va a incentivar a pensar en una multiplicidad de socios de acuerdo a diferentes temas y tareas.

Bosoer (Clarín): ¿Argentina entre ellos?

Mucha gente habla sobre la falta de continuidad en la política exterior de Argentina, y tienen muchísima evidencia para demostrarlo. Pero ya desde hace muchos años, la diversificación de relaciones internacionales y comerciales es un principio interesante y muy vigente de la estrategia externa de este país. Creo que esto ha sido un logro, y es el modo ideal para un país intermedio. Un país intermedio no puede de buenas a primeras decir me voy a distanciar del vecino grande; eso sería un modo de desaprovechar todas las oportunidades que el crecimiento de un vecino le pudiera ofrecer. Pero tampoco puede depender exclusivamente de su hermano mayor, y por lo tanto necesita tener respaldos en otros ámbitos. Hay quienes opinan que los acercamientos hacia Washington son un modo de entregar soberanía. Uno podría decir, al contrario, que, junto con acercamientos a los vecinos y a otras regiones, son un modo de maximizar la autonomía, y mucho más ahora en que parece ser que Brasil va a ser la economía dominante del subcontinente.



 
 

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