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Women on the Losing End of Political Puppetry in Mexico’s Congress

August 19, 2011

by Yoloxóchitl Casas Chousal

Please find the original text below, submitted in Spanish.

Although supporters of female suffrage in Mexico got their wish nearly 60 years ago (in 1953), access to the Mexican political system for women has remained a difficult and complicated process. In the 1990s, women’s rights activists started a movement in favor of a gender quota system, using international treaties to bolster their argument. Notable examples cited at the time included the Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women, the Inter-American Convention to Prevent, Sanction and Eradicate Violence against Women, and the Beijing Declaration of 1995.

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Their work paid off. Article 219, paragraph 1 of Mexico’s federal electoral code, El Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, now reads: “From the total number of registration requests for deputies or senators done by political parties or coalitions before the Federal Electoral Institute, at least 40 percent of them must be for candidates of the same gender, aiming for parity.”

This landmark development should have translated to a discernible increase of female legislators in the bicameral federal Mexican Congress. But in reality, all kinds of trickery have been employed to limit female presence in either house of Congress.

Women have worked hard within Mexico’s political parties. But public complaints have been raised around the fact that women were listed in districts or electoral constituencies that strategists knew would go down in defeat. Women have appeared as substitutes for senators and deputies in party lists for districts where those parties didn’t have a sufficient base of support. In other words, women were included in the electoral process, but a confluence of unfavorable circumstances ultimately prevented them from entering Congress.

The “Juanitas” Case

The 61st Legislature (2009-2012) has been the most shameful in recent Mexican congressional history. The disappointment started early in the term, in 2009, when eight female deputies (diputadas), most from divergent political parties but all who had been elected by their constituencies, filed papers for leave from Congress. Summarily, they handed over their seats to their substitutes—all of them men. It turned out that these substitutes were their husbands, brothers, relatives and even political patrons. It came to light that—just in the interest of honoring the gender quota—political parties had included women in their lists but were not actually interested in advancing female political participation or politically beneficial legislation to women, who amount to more than half of Mexico’s population.

In a few weeks, the number of diputadas requesting leave increased to 13. Public demonstrations increased against this fraud; some posters read, “This seat is reserved for a woman” and “Female and male citizens voted for a woman.” Diputada Enoé Uranga even warned that the Cámara de Diputados (Chamber of Deputies—Mexico’s lower house of Congress) would welcome “a group of usurpers who will occupy the seats reserved by law for women, only after misleading the electorate.”

Why The Name “Juanitas?”

In 2009, the boroughs in Mexico City (Federal District—or D.F.) held an election. One of the 16 boroughs is Iztapalapa, where the population roughly numbers 2 million. Since 1994, when Cuauhtémoc Cárdenas won the governorship of D.F. on behalf of the PRD, Iztapalapa became an unconditional stronghold for the PRD—a party well known for internal power struggles.

In the process of selecting the candidate to run for the Iztapalapa elections two years ago, there were two popular iztapalapeña candidates: Rafael Acosta Ángeles and Clara Brugada. They were both supported by Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a former PRD party president and D.F. mayor, and an active figure in the party whose presence has been controversial.

Brugada had shaped up as the natural candidate, but intra-party politics led to a problem with AMLO that left Brugada disqualified to compete. In the end, AMLO supported Acosta, who in a private meeting had promised to hand over the post to Brugada if he won the majority vote. Loquacious and populist, Acosta—who had referred to himself ‘Juanito’—ended up resigning and installing Brugada in his stead.

This event brought about a ferocious criticism against such a gross act of voter deception. The term “Juanito” had henceforth been employed to denote political puppets.

More Female Legislators

Political reform for the twenty-first century hovers over political equality for women like the Sword of Damocles. But because the political system still maintains an imbalanced gender distribution and overall lack of respect for the affirmative action legislation accomplished thus far, it is probable that in the 2012 elections the number of “juanitas” cases increase—leaving women on the losing end.

Ultimately, more female policymakers in Mexico’s Congress lead to favorable reforms and laws for women, dealing with issues like interfamily violence, femicide, sexual assault and legal inequality. Here’s to hoping for real, discernable progress for women’s rights the near future.

Marionetas políticas, un peligro para la igualdad en el Congreso mexicano

Hace apenas 58 años que las mujeres mexicanas tenemos derecho a ser ciudadanas. En 1953 logramos cumplir el sueño de las sufragistas de principios del siglo XX: tener derecho de elegir a nuestras y nuestros gobernantes, pero también el de ser elegidas para ocupar cargos de elección popular. Sin embargo, el acceso a la política sigue siendo un mundo, si no vedado para las mujeres, sí de difícil y complicado acceso.

Por ello, durante la década de los noventa, militantes y activistas feministas, basadas en convenciones y acuerdos internacionales firmados por México que robustecían la demanda femenina en el mundo de tener mayor participación política, iniciaron todo un movimiento para aplicar el sistema de cuotas que garantizara una mayor presencia de mujeres en los puestos de elección popular.

Tras haber sido inicialmente una demanda, hoy el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), determina, en el artículo 219, numeral uno que: “De la totalidad de solicitudes de registro, tanto de las candidaturas a diputados como de senadores que presenten los partidos políticos o las coaliciones ante el Instituto Federal Electoral, deberán integrarse con al menos cuarenta por ciento de candidatos propietarios de un mismo género, procurando llegar a la paridad”.

No obstante el avance que significó esta obligación en el momento de conformar las listas a candidaturas—que en la realidad debió verse reflejado en un aumento de mujeres legisladoras—lo cierto es que las artimañas que han utilizado los partidos para evitar que las militantes accedan al Congreso han sido múltiples.

El trabajo de gestión al interior de los partidos por parte de las mujeres ha sido arduo. Denuncias públicas han dado a conocer que ellas empezaron a figurar en las listas pero en lugares donde el voto no las alcanzaría, o eran propuestas en distritos y circunscripciones donde el partido no tenía seguidores que sufragaran en su favor. Incluso aparecían mayoritariamente como suplentes a diputaciones y senadurías.

Es decir, los partidos las incluyen, las postulan, pero el número de votos no les son favorables, entonces no llegan al Congreso.

El caso de las “juanitas”

La LXI Legislatura (2009-2012) ha sido el ejemplo más vergonzoso en esta reciente historia. Todo se inició con la solicitud de licencia de ocho diputadas recién electas. Militantes de los partidos Verde Ecologista de México (PVEM), en su mayoría; pero también del Democrático Revolucionario (PRD), del Revolucionario Institucional (PRI) y del Trabajo (PT), decidieron ceder sus curules a sus suplentes, todos hombres.

Y la burla no quedó allí. Los suplentes de estas diputadas eran los maridos, hermanos, parientes y hasta padrinos políticos. Con ello quedó claramente al descubierto que los partidos políticos—con tal de cumplir la cuota de género—incluyeron mujeres, pero que poco les interesa promoverlas en la política, y menos impulsar políticas en favor de las condiciones de más de la mitad de la población.

En muy pocas semanas—en medio de protestas de otras legisladoras—el número se elevó a 13 mujeres desplazadas. Hubo desde carteles con leyendas que indicaban “este lugar está reservado para una mujer” o “las y los ciudadanos votaron por una mujer”, hasta denuncias sobre que a la Cámara de Diputados llegaría un “grupo de usurpadores que ocuparán los espacios destinados por ley a mujeres, después de haber engañado al electorado”, toda vez que esos señores provienen de un “fraude calculado”, como lo señaló en su momento la Diputada Enoé Uranga.

Por qué “juanitas”

En 2009 también se eligieron titulares de las delegaciones políticas del Distrito Federal. Una de las 16 que conforman el espectro de esta cosmopolita ciudad es Iztapalapa, cuya población asciende a casi 2 millones de habitantes. Desde 1994—con el triunfo perredista (PRD) de Cuauhtémoc Cárdenas a la jefatura de gobierno del DF—esta demarcación se convirtió en un espacio incondicional del PRD, partido del que se conocen bien sus íntimos altercados, dado que en su interior se mueven y conforman diversas fuerzas que denotan las luchas internas por el poder.

En el proceso de selección de candidato a contender por esta delegación estuvieron dos personajes claves para la población iztapalapeña. Rafael Acosta Ángeles y Clara Brugada, ambos apoyados por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), figura singular de controversial presencia en el PRD.

Brugada se había perfilado como la candidata natural, pero un problema interno en su partido la dejó descalificada para contender. AMLO apoyó entonces a Acosta, a quien en mitin público lo obligó a prometer que, en cuanto el voto le favoreciera, cedería su lugar a Brugada. Personaje locuaz y populachero, Acosta, quien solía llamarse a sí mismo “Juanito”, terminó por renunciar al cargo y dejar a la perredista en su lugar.

Este hecho motivó una crítica feroz contra la manipulación y se empezó a utilizar el mote de “Juanito” para calificar a las marionetas políticas.

Más mujeres legisladoras

La discutida Reforma Política del nuevo milenio se cierne como espada de Damocles sobre la igualdad de las mujeres en la política. Dado que carece de una perspectiva de género y candados suficientes para que las acciones afirmativas logradas hasta ahora sean respetadas, se teme que en las elecciones del 2012 los casos de “juanitas” se incrementen.

Una mayor presencia de mujeres en el Congreso impulsaría no sólo avances hacia la igualdad, sino que se tendrían más oportunidades para promover reformas y leyes en favor de la condición de las mujeres.

Cuando el Congreso ha tenido diputadas y senadoras con conciencia de género, temas como la violencia en la pareja, el feminicidio, la violación sexual y las inequidades hacia las mujeres en las leyes han salido a flote, se han puesto en la escena de la discusión y se han atendido.

Si no contamos con más mujeres legisladoras, las desigualdades que viven las mujeres en la política, en la economía, en el trabajo, en la salud, en la educación y en otros ámbitos, seguirán pasando desapercibidos. Por ello, es fundamental que la nueva Reforma Política incorpore una visión de género, en la que casos como las “juanitas” sean eliminados, y en efecto se camine hacia un Congreso con paridad.

Tags: Mexico, Gender Rights

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